viernes, 15 de diciembre de 2017

El Arte de la Soledad

Constantemente apelo a la cultura de mercado como uno de los fundamentos principales por lo cual se desarrolla un estilo de vida disarmónico, generando diversos síntomas a nivel individual y social como producto de este sistema cultural, tales como: depresión, obesidad, alcoholismo, ansiedad, angustia, etc.

En la medida en que nos comprendemos como creadores de nuestra cultura y no como reproductores, podemos mover paradigmáticamente nuestra vida hacia la salud. Los cambios se pueden generar y se están generando desde diversas dimensiones, más creo que un pilar importante es la promoción del autoconocimiento. Vivimos constantemente híper-estimulados por tecnologías y el mismo consumo, junto a toda una visión "exitista" que nos incentiva a buscar en lo externo aquello que debe ser desarrollado internamente. Desde aquí, aprender a estar solos sin caer en el individualismo, parece algo extraño, complejo, frente a lo cual muchas personas lo asocian a estados negativos como: tristeza, desolación, aburrimiento, etc. siendo absolutamente imprescindible si queremos vivir despiertos, atentos a los auto-hipnotismos e hipnotismos sociales.

Por eso creo que es un arte, un proceso, un camino, una forma dinámica que se lleva a cabo rítmicamente cuyo propósito es la reconexión con uno mismo. Hay quienes dirán que siempre estamos conectados con nosotros mismos… ojalá fuera así, la cultura sería otra, mas el ruido a veces suele ser tan potente que olvidamos la existencia de nuestro silencio interno, y de toda la calma, amor, paciencia, claridad que emerge de él. Estar solos es vivir la experiencia de mirarse directamente en el espejo, ese espejo que representan todas las sensaciones, pensamientos, sentimientos, molestias físicas, etc. que puedo ver claramente cuando me focalizo en lo que sucede en mí… verdaderamente. Sin internet, sin televisor, sin música, sin celular, sin gente, tratando de traer la mente al presente, observándome en lo que voy siendo en este momento. Mirarnos internamente puede activar en nosotros nuestros mejores mecanismos de rechazo y/o evasión, a menos que practiquemos, a menos que lo hagamos una constante.

Este arte es a la vez una escuela, donde la materia de estudio soy yo misma/o, y en la medida en que aprendo puedo verme claramente, lo que consecuentemente me permite ver a los otros y mi realidad con la misma claridad. El peligro de no hacer esto, es no hacernos cargo de nuestras proyecciones, abandonarnos de tal manera que obligamos a nuestro organismo psíquico, físico y emocional a exteriorizar nuestros estados no procesados, y podrá venir una pastilla, un vaso de alcohol, un cigarrillo, o comida, incluso una relación, pero nada nos quitará del frente el trabajo que nos corresponde realizar a nosotros mismos y para nosotros mismos.

Literalmente, hay un universo en nuestro interior, lleno de incertidumbres y deseando expresarse, vivirse a sí mismo con total libertad. Tal vez necesitemos atravesar capas de dolores acumulados, desatar múltiples nudos de confusiones creadas, reconocer la autenticidad de todo aquello que emerge de nosotros… es sin duda un trabajo largo y profundo, que necesita de un amor firme para poder llevarnos a recorrer el camino hacia nuestro único ser. Frases como “ama al otro como a ti mismo” o “conócete a ti mismo y conocerás a Dios”… marcaron el punto de partida para un mundo unificado, y el primer paso es nuestro mundo interno.



"Cada vez parece más difícil aceptar los parajes solitarios que llevan a la autorealización. El arte de la individuación, convertirse en el único yo-mismo es (como su nombre lo indica) una experiencia intensamente personal y a veces muy solitaria. Nos es un fenómeno de grupo, comporta la difícil labor de desaprender la propia identidad de la masa de la humanidad. Para descubrir quienes somos, tenemos que extraer finalmente aquellas partes de nosotros mismos que hemos proyectado en otros, aprendiendo a encontrar en el fondo de nuestra psique las fuerzas y carencias que habíamos visto previamente solo en otros. Estos reconocimientos se facilitarán si podemos retirarnos de la sociedad por breves períodos y aprender a dar la bienvenida a la soledad"
Sallie Nichols. 
Jung y el Tarot

sábado, 2 de diciembre de 2017

Individualismo y la relación materna.

Lo contrario de una persona comunitaria, es una individualista. Es este tipo de persona la que nuestra cultura de mercado resalta valorando dicho rasgo como un elemento indispensable para el mundo de hoy en día. La visión capitalista requiere de un mundo dividido, de desigualdades notorias entre quienes tienen de más y quienes tienen menos. Desde este sistema de vida, para que exista un rico debe existir un pobre.Y para mí, existe un sinfín de razones por las que no puedo apoyar este aspecto en nosotros mismos, trataré de señalarlos brevemente:
  • Genera competencia/rivalidad en vez de cooperación/fraternidad, ya que al acentuar el foco exclusivamente sobre -mí-, el otro pasa a ser una alteración sobre "mis maneras de ser". Es decir, significa al otro como una amenaza o peligro para lo que yo creo que soy o quiero tener.
  • Nos vuelve humanamente torpes, ya que nuestra mentalidad se valida sobre sí misma y dejamos de reconocer que hay otros pensamientos, miradas, sentimientos, perdiendo poco a poco las capacidades para relacionarnos con esa diversidad, tales como la empatía, la escucha atenta al otro, la reciprocidad, etc. 
  •  Va de la mano con la superficialidad. Al ponernos a nosotros mismos como centro vital, bloqueamos todo lo que está fuera de nosotros para que no perturbe nuestra interioridad. Mantenemos entonces un contacto superfluo donde el alcohol, las drogas y las redes virtuales calzan perfectamente, ya que a mayor abstracción menor implicancia personal.
  • Nos desconecta de la vida. Al acrecentar exageradamente nuestra “importancia personal” vamos perdiendo nuestras facultades para relacionarnos positivamente con nuestro entorno, tales como: la flexibilidad, la confianza, la humildad, etc.  
  • Nos aisla. Una cultura que exalta el individualismo genera a su vez los mayores índices de suicidio. Pues esa preocupación personal que en un momento pudo sentirse muy bien, prontamente se transforma en una sensación de vacío profundo frente al cual sino reaccionamos debido a nuestra propia torpeza, podemos llegar a desconocer cómo salir de ahí.
    Ahora bien, más que articular una visión crítica de nuestro sistema de vida, considero pertinente desarrollar una mirada comprensiva, un foco a través del cual podamos reconocer por qué si somos seres humanos con capacidades sensibles y conscientes nos hemos puesto en esta realidad cultural. Aquí vino a mi mente la figura de -La Emperatriz- del Tarot. Al tomarlo como un símbolo arquetípico, en este arcano hay múltiples virtudes que a nuestra cultura nos hace falta, tales como: generosidad, visión de proceso, contención, acogida, sabiduría, creatividad, cuidado, cuerpo, ritmo, etc. Son justamente los elementos a los cuales el patriarcado no responde, pero que sin ellos se genera un desequilibrio que nos podría llevar a la autodestrucción. La madre es quien genera el sentimiento de unidad, quien fue desde el útero todo nuestro universo, quien nos dio calor y alimento, quien nos recuerda desde su presencia que somos amados. Desde ese amor y sabiduría podrá equilibrarse el excesivo ego patriarcal, ese ego que nos desconecta entre nosotros como seres semejantes, y con el todo como parte de un mismo ecosistema.
     
    Sanar la figura de la madre parece cada vez más fundamental, y en algunos casos tremendamente difícil, pues no todas las madres se han desarrollado desde su lado positivo; sin embargo esto no puede frenar el proceso de autosanación y sanación colectiva que como cultura estamos necesitando. Será necesario entonces partir de a poco, partir desde uno mismo, aprender a ser nuestra propia madre, para contenernos, para escucharnos sensiblemente, para observarnos con dulzura, para darnos paciencia, para aprender a cuidarnos, y en este ejercicio de valoración sobre la vida que somos, nos reconoceremos en la unidad que nos posibilita. 




Las tecnologías actuales proponen la exhibición autobiográfica del individuo. 
Por ende, podemos decir que la ciudad contemporánea es la ciudad en la que los individuos se consumen a sí mismos a través de la tecnología.
Ossa Swears, Carlos (2016) “Sobrepoblación audiovisual”.
Material del curso "Arte y Espacio Público",
UAbierta, Universidad de Chile.