Lo contrario de una persona comunitaria, es una individualista. Es este tipo de persona la que nuestra cultura de mercado resalta valorando dicho rasgo como un elemento
indispensable para el mundo de hoy en día. La visión capitalista requiere de un
mundo dividido, de desigualdades notorias entre quienes tienen de más y quienes tienen menos. Desde este sistema de vida, para que exista un rico debe existir un pobre.Y para mí, existe
un sinfín de razones por las que no puedo apoyar este aspecto en nosotros
mismos, trataré de señalarlos brevemente:- Genera competencia/rivalidad en vez de cooperación/fraternidad, ya que al acentuar el foco exclusivamente sobre -mí-, el otro pasa a ser una alteración sobre "mis maneras de ser". Es decir, significa al otro como una amenaza o peligro para lo que yo creo que soy o quiero tener.
- Nos vuelve humanamente torpes, ya que nuestra mentalidad se valida sobre sí misma y dejamos de reconocer que hay otros pensamientos, miradas, sentimientos, perdiendo poco a poco las capacidades para relacionarnos con esa diversidad, tales como la empatía, la escucha atenta al otro, la reciprocidad, etc.
- Va de la mano con la superficialidad. Al ponernos a nosotros mismos como centro vital, bloqueamos todo lo que está fuera de nosotros para que no perturbe nuestra interioridad. Mantenemos entonces un contacto superfluo donde el alcohol, las drogas y las redes virtuales calzan perfectamente, ya que a mayor abstracción menor implicancia personal.
- Nos desconecta de la vida. Al acrecentar exageradamente nuestra “importancia personal” vamos perdiendo nuestras facultades para relacionarnos positivamente con nuestro entorno, tales como: la flexibilidad, la confianza, la humildad, etc.
- Nos aisla. Una cultura que exalta el individualismo genera a su vez los mayores índices de suicidio. Pues esa preocupación personal que en un momento pudo sentirse muy bien, prontamente se transforma en una sensación de vacío profundo frente al cual sino reaccionamos debido a nuestra propia torpeza, podemos llegar a desconocer cómo salir de ahí.
Ahora bien, más que articular una
visión crítica de nuestro sistema de vida, considero pertinente desarrollar
una mirada comprensiva, un foco a través del cual podamos reconocer por qué si
somos seres humanos con capacidades sensibles y conscientes nos hemos puesto en
esta realidad cultural. Aquí vino a mi mente la figura de -La Emperatriz- del
Tarot. Al tomarlo como un símbolo arquetípico, en este arcano hay múltiples
virtudes que a nuestra cultura nos hace falta, tales como: generosidad, visión de proceso,
contención, acogida, sabiduría, creatividad, cuidado, cuerpo, ritmo, etc. Son
justamente los elementos a los cuales el patriarcado no responde, pero que sin ellos se genera un desequilibrio que nos podría llevar
a la autodestrucción. La madre es quien genera el sentimiento de unidad, quien
fue desde el útero todo nuestro universo, quien nos dio calor y alimento, quien
nos recuerda desde su presencia que somos amados. Desde ese amor y sabiduría
podrá equilibrarse el excesivo ego patriarcal, ese ego que nos desconecta entre nosotros como seres semejantes, y con el todo como parte de un mismo ecosistema.
Sanar la figura de la madre parece cada vez más fundamental, y en algunos casos tremendamente difícil, pues no todas las madres se han desarrollado desde su lado positivo; sin embargo esto no puede frenar el proceso de autosanación y sanación colectiva que como cultura estamos necesitando. Será necesario entonces partir de a poco, partir desde uno mismo, aprender a ser nuestra propia madre, para contenernos, para escucharnos sensiblemente, para observarnos con dulzura, para darnos paciencia, para aprender a cuidarnos, y en este ejercicio de valoración sobre la vida que somos, nos reconoceremos en la unidad que nos posibilita.
Sanar la figura de la madre parece cada vez más fundamental, y en algunos casos tremendamente difícil, pues no todas las madres se han desarrollado desde su lado positivo; sin embargo esto no puede frenar el proceso de autosanación y sanación colectiva que como cultura estamos necesitando. Será necesario entonces partir de a poco, partir desde uno mismo, aprender a ser nuestra propia madre, para contenernos, para escucharnos sensiblemente, para observarnos con dulzura, para darnos paciencia, para aprender a cuidarnos, y en este ejercicio de valoración sobre la vida que somos, nos reconoceremos en la unidad que nos posibilita.
“Las tecnologías
actuales proponen la exhibición autobiográfica del individuo.
Por ende,
podemos decir que la ciudad contemporánea es la ciudad en la que los individuos
se consumen a sí mismos a través de la tecnología.”
Ossa Swears, Carlos (2016)
“Sobrepoblación audiovisual”.
Material del curso "Arte y
Espacio Público",
UAbierta, Universidad de Chile.
No hay comentarios:
Publicar un comentario