¿Cómo explicar lo limitada que es la
razón como única manera de percibir y ordenar nuestro mundo? ¿Cómo poder hacerlo si vivimos en un
contexto cultural donde se la ha dado culto a la racionalidad? fomentando
prácticas constantes que priorizan el intelecto por sobre cualquier otra manera
de acercarse a la realidad, frente a lo cual algunos podrán preguntarse... ¿hay otras?
¿De qué manera entonces sacamos a
alguien de su cabeza para invitarle a ponerle fin a la era patriarcal en su
mundo mental? Y si de verdad no hemos desarrollado otras maneras de
desenvolvernos en el mundo que ponga en silencio nuestras ideas y creencias,
entonces es esperable que nos desorientemos, como la caída de una torre, como
ir a sentarse en un silla que ha sido corrida; si durante gran parte de mi vida
me he refugiado en lo que pienso, salir de ahí es abrirse a lo nuevo, a lo
nuevo de mi misma/o y de mi realidad.
La intuición es ese espacio que nos
habita desde el silencio, responde a nuestra sensibilidad pero no
necesariamente a nuestros sentimientos. Conectarnos con nuestra intuición, es
reconocer lo que nos enseña nuestro propio silencio. La intuición a diferencia
de la razón, no reconoce temporalidad, solo accedemos a ella en el eterno
presente, y si nos mantenemos unida a ella permanentemente, es posible que
aprendamos a moldear nuestro ego, nuestro carácter, nuestra personalidad, hacia
un camino mucho más saludable que aquel hacia donde nos lleva la neurótica
razón. Entrar en razón, “ponerle cabeza” a los asuntos, es un ejercicio
maravilloso, una de las facultades más potentes del ser humano, mas
habitarnos a nosotros mismos exclusivamente desde ahí, es rechazar la vida en
su belleza y constante incertidumbre.
Históricamente, ha sido el territorio
de mujeres, abuelas, “brujas”, locos, niños, y cualquier otra figura que no sea
el “hombre adulto perfecto” ícono del patriarcado. Sólo basta mirar a nuestro
alrededor y dar cuenta de cuánto nos ha dañado este paradigma, como humanos,
como comunidad y con nuestra tierra. Despertar la intuición significa proporcionar
nuestra razón, darle un lugar mas no la totalidad de nuestro ser. Implica
desarrollar una relación profundamente honesta con nosotros mismos, para poder
distinguir entre lo que va sucediendo de lo que voy proyectando. Es la invitación a
reconocer nuestra dimensión trascendente, nuestra conexión ineludible con lo
que me rodea, elemento clave para una
comunión con nosotros mismos y los otros. Solo basta bajar un poco el volumen
mental, ampliar nuestra atención más allá de nuestros pensamientos, cuidar
nuestro cuerpo como el canal físico donde la intuición se manifiesta, es una
redención desde la jaula mental hacia la vida plena que somos.
"El pensamiento racional tiene gran utilidad para la vida práctica, pero impide el acceso a formas de conciencia más elevadas y a experiencias que nos conectan con lo Absoluto. (...) Para captar el sentido profundo, el
alma de las cosas, su dimensión oculta y trascendente, es necesario recurrir a
la visión intuitiva, no contaminarla por la experiencia previa, desligada de
los datos archivados en el cerebro. La mirada profunda debe ser nueva,
inocente, pero el intelecto se apodera de lo observado y tiende a clasificarlo,
a compararlo y a ordenarlo según sus datos acumulados y según su lógica,
descartándole aquello que excede sus dominios cognoscitivos. Así, lo nuevo se
hace viejo, lo puro se contamina y lo profundo se vuelve superficial.”
Enrique Barrios, El Maravilloso Universo de la Magia.
Enrique Barrios, El Maravilloso Universo de la Magia.

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