domingo, 13 de agosto de 2017

La forma, el silencio & el equilibrio.


"Treinta radios convergen en el centro de una rueda,
pero es su vacío lo que hace útil al carro.
Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío depende el uso de la vasija.
Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa,
y es el vacío lo que permite habitarla.
En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad."
Libro del Tao

Estas líneas las podemos interpretar de muchas maneras; desde mi punto de vista, trae al frente tres elementos que son necesarios de tener presente permanentemente: la forma, el silencio y el equilibro. Hoy por hoy, pareciera que vivimos en mundo mucho más apegado a la forma, como por ejemplo: en la forma de las cosas que tengo, de cómo me visto, cómo actúo frente a los demás, cómo me veo en la foto, etc. A veces las formas pueden ser sumamente atractivas, mas ¿qué pasa cuando nos olvidamos del vacío y el balance? Algunas veces se produce un quiebre en la personalidad tan potente que puede llegar a ser enfermizo, la persona tiene cambios de comportamiento significativos dependiendo de dónde y con quienes se encuentre. Sostener una forma de vida falsa, agota si no es coherente a lo que somos y está más ligado a lo que queremos ser, entonces el mismo organismo va generando pequeños colapsos por el cansancio que implica vivir para afuera y no desde adentro. A veces surgen desórdenes psicosomáticos, y pueden pasar años en que ponemos todo nuestro esfuerzo para sostener dichas formas, que nos aferramos a ellas para convencer y convencernos de que estamos bien o somos exitosos… hasta que idealmente algún acontecimiento nos despierta y nos recuerda significados más profundos que posee la vida. Estos acontecimientos no deben ser necesariamente negativos, pero muchas veces son las pérdidas (trabajo, pareja, familiar, etc.) e inclusive desastres naturales lo que cambia nuestra mirada y valorización de la vida. Pero también puede ser la llegada de un hijo, un sueño, un libro, una nueva relación, la creación de nuevo proyecto, etc. lo que nos interpela más hondamente. La vida está aquí, dentro y fuera de nosotros, depende de nuestra voluntad cómo deseamos conectarnos con ella.

El silencio desde el vacío resulta ser un elemento reconocible en distintos lugares de nuestras vidas. Desde el vacío que ocupamos en una casa, hasta el vacío de una mente contemplativa, silente en ideas, juicios, perspectivas, capaz de reconocer lo nuevo de cada momento; las pausas necesarias en una conversación, el retraimiento después del ajetreo, la respiración en el cotidiano, ese espacio de ocio (sin tecnologías) desde donde antiguamente surgieron el desarrollo de las ciencias sociales,etc. Sin embargo, actualmente ¿cuánto me permito habitar este vacío? Este lugar de no-ser donde nos abrimos a lo incierto, a nuestra propia humildad frente a la vida,  a una sensibilidad más profunda, base sobre la cual emerge el sentido que se expresa en la forma útil. ¿Cuántas formas sin sentido podemos encontrar en nuestro alrededor? Ya sea por ser excesivas o porque no cumplen con lo que se requiere. Pareciera que muchas de nuestras acciones y producciones carecieron de silencio. Por ello, a veces hablamos de más, nos damos más vueltas, tenemos cosas que no usamos, generamos conflictos innecesarios, nos cuesta mirar, atentamente escuchar, reconocer nuestros propios ritmos para ordenar desde ahí nuestro día a día, disfrutar la alegría de compartir en vez de llenarnos de juicios que nos separan entre nosotros. Hoy como planeta vivimos bajo una cultura donde todo lo que consumimos se transforma prontamente en basura, que no sabemos ni qué hacer con ella, amenazando así la propia vida en la Tierra.

El balance, el punto medio, el equilibrio, es un elemento constante en la vida natural, siendo clave a la hora de hablar de salud mental, física, emocional, individual, social e inclusive para el desarrollo de nuestros ecosistemas. Cada uno de nosotros somos un elemento del todo, y cada elemento al interior de nosotros es parte de lo que puedo reconocer como “mi mismo”, aunque esto a veces se aleje de la imagen que me gustaría proyectar de mí. En el fortalecimiento de este balance surge la madurez, la comprensión, el aprendizaje vívido para una vida feliz y plena de sentido. Practicarlo conscientemente, claro que no es fácil, sospecho que para la mayoría de nosotros ni la crianza, ni la educación, ni la cultura estuvo centrado en ello. Lo importante, es que hoy sí podemos poner atención a cada uno de nuestros hábitos: alimentación, actividad física, vida social, uso de medios de comunicación y tecnologías, etc. y reconocer de qué forma me relaciono equilibradamente con cada elemento en mi vida, dar cuenta cómo puedo equilibrarlos. El equilibrio genera calma y la calma es vital para saber valorar, para estar presentes, para tomar buenas decisiones, adquirir nuevos aprendizajes y crecer más contentos.

"El hombre que en su actuación encuentra el silencio, y que ve que el silencio es actuación, 
ese hombre en verdad ve la luz, y en todos sus obras encuentra la paz"
Bhagavad Gita

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