"Tres cosas distinguen el vivir del alma del vivir exclusivamente del ego y son: la capacidad de percibir y aprender nuevas maneras de hacer las cosas, la tenacidad de recorrer un camino accidentado y la paciencia necesaria para para aprender a amar profundamente y durante mucho tiempo. Pero el ego tiene tendencia e inclinación a evitar los aprendizajes. La paciencia no es lo suyo. Las relaciones duraderas no son el punto fuerte..."
Clarissa Pinkola Estés-Mujeres Que Corren con Lobos-
"Tres cosas distinguen el vivir del alma del vivir exclusivamente del ego y son: la capacidad de percibir y aprender nuevas maneras de hacer las cosas, la tenacidad de recorrer un camino accidentado y la paciencia necesaria para para aprender a amar profundamente y durante mucho tiempo. Pero el ego tiene tendencia e inclinación a evitar los aprendizajes. La paciencia no es lo suyo. Las relaciones duraderas no son el punto fuerte..."
Clarissa Pinkola Estés-Mujeres Que Corren con Lobos-
Muchos de nosotros buscamos
los resultados porque éstos son aparentes certezas con las cuales nos podemos
identificar, llevarlas puestas y decir: “yo tengo esto” o “yo soy esto”, como por
ejemplo “soy psicóloga”, “soy una mujer casada”, “soy mamá”, “soy millonaria”, “tengo
propiedades”, etc. Lo que en el mejor de los casos podría ser el fruto de un
periodo de trabajo interno y externo significativo, pero al parecer la mayoría de las veces se asemeja más bien a una fijación de la mente, derivada de un
desequilibrio desde ese mismo lugar interior. ¿Por qué miramos tanto los
resultados?, ¿Cuál es nuestra motivación de fondo?
Cuando mantenemos nuestra
atención desequilibradamente en el resultado, una de las primeras consecuencias
que experimentamos es dejar de disfrutar el proceso, no saber valorar a éste ni
a las circunstancias que permiten nuestro procesar, ya sean personas, momentos,
sincronías, etc., con lo cual se elabora una consecución de distintos elementos
para que el proceso finalmente se refleje en un resultado coherente. Y es esto lo que constantemente olvidamos (o queremos olvidar) que el resultado debe
ser el reflejo de un proceso, sino es mera apariencia, vanidad, inseguridad, mucho
ruido y poca nuez, porque no representa un creación firme y proyectada desde un
centro propio y también desde la misma vida, o desde el mismo universo como
dirían los más místicos, porque los procesos son misteriosos a diferencia del
resultado que es la certeza-seguridad “concreta” (tengo un título, un anillo, un
objeto, un auto o inclusive una relación), el proceso deviene misteriosamente
como la creación de una nueva vida, fluye misteriosamente siendo aquello que no
podemos controlar, lo que es de esperar que como seres humanos en una realidad
tan material, tengamos una cierta tendencia a rechazar dicha falta de control. Mantenerse
atentos al proceso puede ser una experiencia de tanta incertidumbre, que tal
vez uno de los principales aprendizajes humanos que necesitamos desarrollar
conscientemente, es aprender a convivir con ello para no generar angustia ni
ansiedad frente a los resultados que no hemos alcanzado. Aprender a vivir con la
falta de certezas aun “firmando”, “poseyendo” o identificándonos, aumentaría
significativamente nuestro bienestar físico, mental y emocional, y lo que es
más importante, incentivamos la mirada interna como una constante, como la base
primordial para sostener consciente y armoniosamente nuestro día a día y
aquellos hitos que logramos en nuestro ciclo vital.
Cuando los resultados son el
reflejo de un proceso, éstos se llevan de forma mucho más liviana y con mucha
más humildad porque el mismo proceso nos enseña cómo llevar ese resultado, nos enseña
que todo es impermanente, que un día estás arriba y otro día estás abajo, que
“yo” no soy una criatura aislada, que no me creo solo/a, que para poder llegar a
un puerto se necesitan de muchos factores que acompañen y en esos factores
están las personas, lugares e inclusive el clima incide para que “todo se dé”,
para que Todo lo posibilite, y es esa
humildad ante la vida la que permite que no nos identifiquemos excesivamente
con un resultado. ¡Claro que se valora! ¡Claro que se celebra! ¡Claro que se
agradece! Más se comprende su transitoriedad y así también se deja pasar porque
el proceso continúa. Esto es algo que quizás lo podemos apreciar particularmente en los deportistas de alto rendimiento, quienes luego de prepararse arduamente
para ganar un campeonato, apenas lo logran inmediatamente piensan en la meta
siguiente. Ganan, lo disfrutan, lo celebran, pero no dejan de entrenar. El alto
nivel en distintos tipo de talentos se mantiene gracias a la perseverancia para
continuar en el proceso más que forzar y/o descansar en un resultado, es en la
constante práctica y no en el estrés de “tener” o “querer” donde se crea la
excelencia.Finalmente, así como la estaciones del año, cada etapa de nuestra vidas, cada hito, son momentos que van transcurriendo, que también pasarán y aunque parezca un perspectiva que le quita peso a los resultados, es más bien una mirada que le brinda mucho más valor, porque solamente al saber que el momento que tengo con mi hijo/a es un momento que va a pasar, es entonces un momento que yo puedo valorar claramente. Solamente al saber que el sueldo que recibo también se va acabar, es cuando lo puedo valorar y decir “ok, lo cuido y lo voy a administrar bien.” Solamente saber que el día a día con mi pareja también en algún momento va a pasar, es que me dedico a amarlo/a y honrar su presencia en mi vida. En el fondo, es una valoración del tiempo distinta, una valoración a este “ahora”, no el pasado ni al futuro, sino a este minuto que estamos viviendo y nos está aportando muchísimo, nos está brindando muchísimo, quizás mucho más intangible que tangible pero aquí estamos: sintiendo, pensando, viviendo, procesando, y si ponemos la cabeza en el resultado dejamos de ver la riqueza que este momento nos entrega. Sólo en unidad con esa riqueza podemos tejer armoniosamente nuestro porvenir y ese tejido será nuestra herencia para la vida. Si tenemos hijos, será para nuestra familia, para nuestros hijos, más es un regalo para la vida. Así son los legados culturales también. Las culturas ancestrales han creado esa riqueza del alma, la han tejido pacientemente permitiendo que distintos pueblos milenarios aún mantengan sus raíces culturales. Lamentablemente se han ido perdiendo o alterando porque nuestro paradigma cultural ha ido cambiando, pero ha sido gracias a su perseverante conexión interna, a su adherencia a una forma de vida que respeta cada procesar, que hoy aún existen “resultados con alma” como las lenguas autóctonas, complejas cosmovisiones, sabiduría y conocimiento indígena sobre distintas áreas de la vida que se están intentando recuperar, que se pueden recuperar, lo que es necesario reconocer y valorar.
Recordar que el resultado es del
ego y el proceso es del alma, es darle luz a nuestra decisión sobre dónde
queremos posicionarnos, si es en el ego, será entonces en el sufrimiento de
tener que ganar y perder, de alcanzar y sentirnos vacíos nuevamente, más si es en
el proceso del alma, podremos encontrar esa sutil maravilla que está en el
recorrido, en el tránsito, en el día a día, momento a momento, siendo esa sutil
maravilla la que en algunos podemos percibir, la que expresamos a través de la
mirada, del trato con los otros, de nuestros movimientos, de cómo caminamos y de
nuestra voz.