Observa lo que crees y reconocerás cómo te
sostienes
Observa cómo lo practicas y reconocerás qué tan
fuerte es tú soporte.
En tiempo de crisis lo primero que aparecen son
nuestros recursos y soportes para sostenernos internamente frente a los cambios
que se presentan. Aparecen más patentemente cuando se ha trabajado sobre éstos
y se ha creado una vida en congruencia con ellos, pero cuando nuestros hábitos
saludables y de conexión no han sido más que un experimentar esporádico, o una
experiencia fantasiosa, o un ejercicio insignificante e incomprensible para
nosotros mismos, las crisis entonces se transforman en una verdadera catástrofe
personal.
Nuestras creencias, muchas veces han sido
digeridas sin cuestionarlas mínimamente en el sentido que éstas puedan tener
realmente para nosotros mismos. Adquirimos un pack de creencias respecto al
éxito, la felicidad, el amor, la vida, el poder, etc. que usualmente no cumplen con lo que
prometen. Cuestionar las creencias, tampoco es fácil porque al hacerlo
cuestionamos inmediatamente nuestro sentido de pertenencia hacia el grupo social que
nos la transmite. Es ahí cuando muchas veces resulta más cómodo y rápido
perderse en la manada, tomar su cause y replicar silenciosamente las ideas
hipnóticas imperantes. Aquello que llamamos crisis, justamente trae la
brillante oportunidad de reestructurar nuestras creencias para generar ideas
que sean más actualizadas y adaptativas a nuestro presente. Cómo la
enfrentemos, depende de qué tan apegados estemos a lo que creemos y/o a lo que
queremos creer.
Paradójicamente, el soporte más fuerte, siempre
es interno, invisible, intangible y muchas veces indescriptible. Se sienta en
la sabiduría profunda de cada ser humano, en la conexión más honesta con
nuestra forma de ser, en la armonía con la que hemos desarrollado nuestras
vidas. El soporte más fuerte, es aquel que probablemente nuestra cultura de
mercado ha intentado ocultar, olvidar y rezagar, tal como lo ha hecho con la
misma naturaleza. Si nuestras creencias están arraigadas al mundo material,
inclusive arraigadas más a la meta que al propio trayecto de cada proceso, las
crisis en nuestras vidas serán una constante y podremos ir así “de drama en
drama”. Pero si por otra parte, a través de la práctica logramos ampliar nuestra mirada sobre lo material,
reconocer las conexiones que hay entre todos nosotros y entre cada suceso
vital, entonces percibiremos las crisis mas bien como parte de un mismo todo, y
podremos dialogar con ellas desde la confianza y la aceptación.
La pregunta es: ¿en qué quieres creer?, y no se
trata de escoger otro "pack" que nos deje más satisfechos, sino de articular la
coherencia necesaria entre lo que realmente quiero y aquello que nos han
mostrados nuestros propios aprendizajes vitales, aquellas lecciones derivadas de cada experiencia de vida consciente. ¿Por qué en que otra cosa puedes confiar
si no confías en tu propio experimentar?, ¿de qué vas a aprender si no sacas
lecciones de tu propio camino? Y ahí está la riqueza colectiva, esa unicidad y
originalidad que cada quien puede brindar desde su prisma. Cuando las creencias
son una vivencia real, éstas se alojan en cada una de nuestras células, las
“llevamos puestas” ancladas en el inconsciente y consciente, y si estas se han
tejido con amor hacia uno mismo, entonces son raíces y el tronco vivo de
nuestro verdadero ser, por ello es tan importante comenzar a creer desde uno
mismo, y creer primero que todo, en uno mismo, ya que es ahí donde aprendemos a confiar relacionándonos con la vida que somos.