Cuando el escenario no es el que
queremos y la insatisfacción es una constante que comienza a atrapar, mas que
esperar que alguna respuesta aparezca desde afuera, es mejor preguntarnos: ¿Qué
requiero sanar en mí para no entramparme en este momento? La capacidad de
adaptación es la repuesta de todo organismo vivo, de la planta que gira
buscando el sol, de los animales que cambia sus formas o colores para
mimetizarse, e inclusive de los perros que prefieren comer pasto cuando se
enferman del estómago. Y nosotros, los seres humanos, también podemos responder
creativa y adaptativamente a nuestras circunstancias.
Sanar implica la voluntad de
conectar con nuestro sentir interno y con aquellos mecanismos propios que lo producen.
Cuanto más somos capaces de tomar en nuestras manos aquello que sentimos, aumenta
también la posibilidad de conectar con nuestra creatividad para abrirnos
caminos y alternativas que modifiquen nuestra realidad o nuestra forma de
habitarla. Saber entregarnos sanación a nosotros/as mismos/as es tal vez el
mayor desafío que tenemos en este tiempo. Sin duda se requiere de una fortaleza
no menor para también decir “basta”, frenar con energía y voluntad aquellos
hábitos, pensamientos y conductas que en el corto o largo plazo son dañinos
para uno/a mismo/a o para quienes nos rodean. La fuerza de ese límite
autoimpuesto y que logra cambiar el eje de nuestras vidas, nace de la
convicción, de una certeza profunda que puede tener distintos motivos de
acuerdo a la historia de vida de cada persona, siendo esto el motor fundamental
para dejar la trampa.
Poco nos ha enseñado nuestra
cultura sobre sanar, estar y mantenernos sanos, pues más hemos aprendido a
naturalizar la enfermedad, el malestar y el deterioro. Así ha sido como
finalmente la sanación pareciera que está fuera de uno/a mismo/a, en un
remedio, un hospital, una farmacia, una vacuna, un doctor, etc. Es indudable el
bienestar que todos estos recursos y personas externas pueden aportar, pero no
por ello debemos olvidar aquel tránsito interno que es trabajo propio que se
requiere realizar. Estar sanas y sanos es estar conectados en consciencia y
afecto con nuestro organismo y todo aquello que influye en él: alimentos,
hábitos, pensamientos, ambientes, etc. Por ello, la enfermedad o el malestar la
mayoría de las veces llega a profundizar y concientizar aspectos de nuestras
vidas que requerimos abordar. Y aquí hay un punto clave; pueden haber muchas
personas y recursos afuera de nosotros ofreciéndonos ayuda o apoyo para
sanarnos, pero quien comanda la motivación esencial, ese motor que otorga
sentido a la persistencia necesaria para salir adelante, es uno/a mismo/a, ahí
también está la importancia del amor propio, de no abandonarse y reconocer el
valor de lo que somos, no para ensalzarnos, sino más bien sanarnos, adaptarnos y
avanzar cultivando un nuevo mundo, uno más armónico por dentro y por fuera.
“I'm beginning to find that when I
drive myself my light is found”
