A veces la mente resulta una
experta para vivir fuera del momento. Cuando no creamos un respiro entre lo que
somos y lo que pensamos, es bastante fácil vivir situados en otro lugar mental
que no sea "aquí". Qué necesario es poder observarnos, preguntarnos y
reconocer: ¿Qué estoy apreciando en este momento?, ¿Al servicio de qué está mi
atención? Puede ser que estemos pensando en lo qué tenemos que hacer, o en lo
que nos faltó, en una situación en la que nos quedamos enfrascados/as, tal vez
llenamos el presente con juicios sobre lo que experimentamos, o simplemente nos
perdemos fantaseando con circunstancias hipotéticas o irrealidades.
Esa actitud con la que
enfrentamos el presente, suele mostrar con claridad la persona en la que nos
hemos convertido, ya sea de forma consciente o inconsciente. Por ejemplo,
¿Cuántas defensas colocamos para aceptar el presente tal como es?, ¿Cuántas
resistencias nos colocamos para aceptarnos tal como somos?. El espacio que
existe entre "yo" y "mi presente" posee diversas cualidades,
algunas específicas de cada quien, otras que compartimos con los demás, pero su
tinte define cómo es nuestra relación, y cada tipo de relación devela nuestro
mundo interno. Nuestras expectativas del mundo que nos rodea son coherentes
con la forma en que operamos en cada momento, y en ello también mostramos
cuáles son las ideas que tenemos de nosotros mismos y de las personas con
quienes compartimos.
Conectar con el cuerpo, las artes, la naturaleza, el silencio, la meditación, etc. pueden ser espacios que nos guíen hacía el despojo de nuestros bloqueos y apegos, pero más relevante es la renovación de nuestra actitud interna donde podemos decidir conscientemente salir del egocentrismo que solo busca espacios donde proyectarse para su satisfacción; y en vez de ello podemos abrirnos a conectar con lo distinto, lo inesperado, con total aceptación hacia lo incierto. El temor que se puede sentir, pertenecen a nuestras estructuras internas fijas, nada que una respiración profunda no pueda distanciar para volver a elegir, y si es nuestro anhelo, abrirnos al coraje amoroso que se requiere para vivir una vida sentida.