jueves, 30 de diciembre de 2021

Rendirse al Presente: Una Respiración Profunda

A veces la mente resulta una experta para vivir fuera del momento. Cuando no creamos un respiro entre lo que somos y lo que pensamos, es bastante fácil vivir situados en otro lugar mental que no sea "aquí". Qué necesario es poder observarnos, preguntarnos y reconocer: ¿Qué estoy apreciando en este momento?, ¿Al servicio de qué está mi atención? Puede ser que estemos pensando en lo qué tenemos que hacer, o en lo que nos faltó, en una situación en la que nos quedamos enfrascados/as, tal vez llenamos el presente con juicios sobre lo que experimentamos, o simplemente nos perdemos fantaseando con circunstancias hipotéticas o irrealidades.

Esa actitud con la que enfrentamos el presente, suele mostrar con claridad la persona en la que nos hemos convertido, ya sea de forma consciente o inconsciente. Por ejemplo, ¿Cuántas defensas colocamos para aceptar el presente tal como es?, ¿Cuántas resistencias nos colocamos para aceptarnos tal como somos?. El espacio que existe entre "yo" y "mi presente" posee diversas cualidades, algunas específicas de cada quien, otras que compartimos con los demás, pero su tinte define cómo es nuestra relación, y cada tipo de relación devela nuestro mundo interno. Nuestras expectativas del mundo que nos rodea son coherentes con la forma en que operamos en cada momento, y en ello también mostramos cuáles son las ideas que tenemos de nosotros mismos y de las personas con quienes compartimos.


Observar nuestra relación con el presente es un ejercicio que fortalece nuestra consciencia; el siguiente paso, es aprender a rendirnos al presente. Rendirse, no implica olvidar nuestras creencias, opiniones, deseos, sueños, propósitos, etc. Rendirse significa respirar ante mi presente, traer humildad a nuestra mente y cuerpo para reconocernos como parte, co-creadores de un todo, y no como colonizadores de nuestra realidad. Rendirse, es cultivar un estado de aceptación profunda de aquello que está aconteciendo tanto dentro como fuera de mí. Implica aceptar nuestras emociones, aceptar la inercia de muchos de nuestros mecanismos para pensar y operar en el mundo. También es aceptar a los otros, con sus luces, sombras y matices, aceptar al otro como un otro que no hay razón alguna por la cual deba cumplir mis expectativas. Rendirse, permite comprender la vida como un milagro, y no un producto obvio de mi control o del control de otros. Claro que es ser feliz en la incertidumbre, pues al reconocerla también podemos valorar más la estabilidad. Rendirse no es una acción del pensamiento, es traer todo nuestro organismo al "ahora", habitarlo con nuestra respiración y permitirle expresar lo que contiene. Para rendirse es necesario aprender a recibir y permitir que ello nos cambie. También es dar, pues finalmente lo que la mente se esfuerza por separar, al rendirnos aparece con mayor nitidez el sentido de unidad.

Conectar con el cuerpo, las artes, la naturaleza, el silencio, la meditación, etc. pueden ser espacios que nos guíen hacía el despojo de nuestros bloqueos y apegos, pero más relevante es la renovación de nuestra actitud interna donde podemos decidir conscientemente salir del egocentrismo que solo busca espacios donde proyectarse para su satisfacción; y en vez de ello podemos abrirnos a conectar con lo distinto, lo inesperado, con total aceptación hacia lo incierto. El temor que se puede sentir, pertenecen a nuestras estructuras internas fijas, nada que una respiración profunda no pueda distanciar para volver a elegir, y si es nuestro anhelo, abrirnos al coraje amoroso que se requiere para vivir una vida sentida.