viernes, 8 de abril de 2022

Autoconsciencia Amorosa, el desarrollo de nuestra conexión interna

 ¿Te has dado cuenta que la vida es un ejercicio de conexión? ¿Que la vida existe gracias a que todo está conectado? El clima, la tierra, los alimentos, las materias que utilizamos, etc. Todo donde mires, todo lo que hay, todo lo que existe, es gracias a un sin fin de conexiones que lo posibilitan. Tu y yo, somos la conexión entre un óvulo y un espermatozoide, idealmente de una conexión emocional también, hay distintos tipos de conexiones, como nuestros muebles que vienen de la madera, la madera del árbol, el árbol de la tierra, y ella a su vez está conectada con el clima, y el clima es afectado por nuestros hábitos. Así, cada vez que tomamos algo podemos preguntarnos ¿de dónde viene esto? podemos ver conexiones de su pasado en su presente pero, ¿qué sucede con la conexión con nosotros mismos? ¿Por qué esa conexión que puede ser tan evidente hacia afuera, no lo es hacia adentro? Internamente, también hay un mundo que está conectado y del cual podemos ser conscientes. Porque cada síntoma o conflicto no aparecen "porque sí", pues de la misma forma que aparece una flor o una plaga en la tierra, en nuestro cuerpo, mente y emociones aparecen signos que reflejan nuestro balance o desbalance interno. 

Cuando empezamos a aceptar la idea de que en nuestro camino exterior se reflejan nuestros aprendizajes interiores, comprendemos que somos capaces de tomar en nuestras manos la responsabilidad y la cualidad innata de conexión que sostenemos con la vida que somos, con nosotros mismos, con nuestro propósito, con nuestras emociones, con nuestra historia y la manera en que significamos las experiencias. Muchas veces preferimos buscar referentes externos, que alguien nos diga qué es lo mejor para mí, qué esperar de mí, qué sucederá con mi vida, o que incluso nos ayude a callar un síntoma antes de decidir volcar nuestra mirada hacia adentro. Aunque haya alguien ahí que nos de respuestas, eso no nos exime de ocupar nuestra propia habilidad y espacio de conexión interna a la cual podemos recurrir, y que en la medida que recurrimos, en que nos habitamos más hondamente con conciencia, voluntad y amor, crece nuestro empoderamiento, nuestra autoconfianza, podemos sentirnos más apropiados de nosotros mismos. Allí, la vida ya no es algo que sucede y que nosotros vivenciamos como títeres o la observamos como espectadores, sino que comprendemos cómo eso que sucede externamente se conecta conmigo, cuál es el sentido de aquello que vivo, la motivación profunda que tiene para mi existencia. 

Si cierras los ojos, prestas atención a tu cuerpo, a tu respiración y profundizas algunos minutos en esa atención, en esa quietud que necesitamos para ser buenos observadores de nosotros mismos, como cuando el fotógrafo está esperando a que se pare el pajarito en la rama para sacarle una foto, o cuando el cazador está esperando que la presa tome alguna conducta para embestir, así también tenemos que ser sigilosos con nosotros mismos para poder clarificar qué es lo que vemos, de dónde viene los colores con los que pintamos nuestra realidad, qué necesito para aportarme mayor bienestar a mi mismo/a, por qué me resisto a reconocerme. A veces es mucho más fácil quejarnos con otros y esperar a que nos digan algo que nos muestre lo que estamos proyectando en ese momento, pero no debemos olvidar que es nuestra propia proyección, y que esa proyección cambia si nosotros cambiamos, y el único cambio que puede pasar a nivel interno es el cambio que despierta la consciencia y el amor. 

Es la auto consciencia amorosa la luz que derriba paradigmas internos, que ilumina una nueva habitación de nosotros mismos, que ahonda en nuestra propia complejidad. La atención ecuánime, la reflexión introspectiva, la quietud amorosa, es capaz de despertar esa conciencia, convocándola desde nuestro interior como un ejercicio de desarrollo y protección en nuestra propia realidad.