martes, 7 de marzo de 2023

Triángulo de Sanación



Desde mi experiencia como paciente y psicóloga, he visto constantemente cómo se relacionan estos tres componentes cuando buscamos sanarnos y/o desarrollarnos como personas. ¿Por qué es importante visualizar estos elementos? Porque muchas veces se generan frustraciones en los procesos terapéuticos sin reconocer qué es lo que está bloqueando, ¿será que yo como paciente no estoy poniendo de mi parte para involucrarme y hacerme responsable de mi propia sanación y crecimiento personal?, ¿será que el método o la perspectiva que se utiliza no me es coherente o no permite avanzar?, ¿o podrá ser que el terapeuta no tiene la competencia necesaria para acompañar procesos de mayor complejidad?. Aquí describo brevemente cada elemento: 


Paciente/Consultante: Es quien decide abrir un espacio terapéutico en su vida, por lo que tiene el poder de escoger a quién y bajo qué perspectiva desea ser guiado. Este rol se ejerce activamente, aunque a veces no se es consciente de ello, por lo cual muchas terapias se inician con la pregunta "¿por qué estás acá?" o "¿cuáles son tus expectativas?" justamente para reconocer cuál es el motor movilizador del propio consultante. El proceso de sanación no es un acto en el cual el consultante solo reciba el apoyo y el conocimiento del terapeuta, sino que es quien trae la información sobre la cual se trabaja y es además quien finalmente filtra y acoge aquello que le hace sentido y desecha lo que no. Un consultante puede estar sobre-activado y utilizar la terapia como un lugar de descarga sin mayor disposición a recibir/escuchar, como también puede estar des-activado cuando no logra reconocer la importancia de su propio rol en su proceso sanador poniéndose a la espera de que alguien cambie su vida o se queda habitando una constante queja. 

Terapeuta/Sanador: Es donde recae la mayor responsabilidad ética, es quien domina el espacio terapeútico en tanto escoge dónde y cómo intervenir. Es la persona que trae una nueva mirada explícita e implícita hacia el consultante, sobre la cual se espera que tenga la mayor lucidez posible. Al señalar al terapeuta, se debe considerar su propia subjetividad, pues primero que todo es también un ser humano, y por lo tanto imperfecto, posee igualmente su propia biografía, heridas, logros e historias que configuran  su personalidad, sus formas de expresarse, sus principios y valores personales con los que se orienta a sí mismo e impacta a otros. 

Método/Herramienta: Aunque es el elemento más abstracto, no es por ello menos importante, al contrario, debe estar tan presente como las otras dos partes si es que queremos avances terapéuticos. Hay muchos autodenominados terapeutas que se "saltan" este elemento y al momento de brindar un adecuado acompañamiento terapéutico tienden a inventar o a referirse exclusivamente a sí mismos como fuente de "verdad". Hay métodos y teorías validadas científicamente, pero no hay que olvidar que en la ciencia también existen intereses políticos y económicos que tergiversan algunos conocimientos. También hay formas de trabajo ancestrales, sabidurías antiguas que no se guardan en libros, donde lo relevante es tratar de obtener dicha información desde la fuente más pura posible, o sea desde su raíz cultural. Para que el método sea efectivo en el proceso del consultante, se requiere que el terapeuta haya pasado por él, es decir que lo conozca en la práctica a modo que haya desarrollado la competencia (habilidad) necesaria para que pueda ayudar a integrar esta nueva perspectiva a un otro. 

El balance de estos tres elementos se logra en la medida en que cada uno esté implicado con el mismo grado de involucramiento; es decir, que el conocimiento, el paciente y el terapeuta le den valor al proceso de crecimiento que se anhela buscar. No es una figura estática, a veces una de las partes se cansa, o la herramienta/estrategia que se utiliza ya no es la adecuada, allí es necesario volver a buscar el equilibrio. Sin embargo, aún estando presente todas las partes, no se logrará el cambio deseado si no hay un lazo de confianza que los unifique, si el consultante entra a sesión pensando por ejemplo "yo no creo en los psicólogos", o el mismo terapeuta atiende pensando "este paciente me cae mal", entonces la confianza se empieza a erosionar, lo que si se desea puede ser abordado a través de un diálogo honesto, respetuoso y transparente. 

Cuando alguien me comenta "es que fui al psicólogo pero no me sirvió", les respondo "ok, eso puede pasar, pero si sucede, abandona al psicólogo pero no abandones tu necesidad terapéutica, sigue buscando a algún profesional que te haga sentido."