A través de mi propio proceso de sanación y del acompañamiento que he podido realizar a otros procesos, puedo reconocer que no hay motor más fuerte que una clara voluntad. Desde el mundo nativo e inclusive desde espacios arquetípicos como el Tarot, se plantea la importancia de tomar decisiones claras, pues será nuestra determinación la que permita la consecución de nuestros objetivos anhelados, y lo que define certeramente el tipo de persona que somos. Desde este punto, quiero explicar mi visión sobre el ego humano y cómo tenemos la posibilidad de desarrollarnos desde ahí o desde un espacio interno absolutamente distinto que es el ser. Yo no soy la primera en decir esto, mi visión la he ido construyendo a través de mi camino, y la he ordenado de una manera en que creo que ayuda a entender y potenciar nuestro crecimiento como seres humanos.
Existen muchas definiciones de ego, para mí el ego representa la imagen que tenemos sobre nosotros mismos: cómo yo me veo, qué pienso acerca de lo que soy, con qué cosas me identifico, qué expectativas tengo sobre mi, mi realidad y los otros. Para estas preguntas hay respuestas conscientes e inconscientes, un ego saludable se obtiene en la medida en que somos lo bastante conscientes y flexibles respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos, cuando conocemos nuestro punto de equilibro en el que sabemos valorar y desapegarnos de aquello que nos representa.
Sin embargo, para llegar a ello, es fundamental conectarse con el vacío interno, ese espacio silente, el lugar previo a todas las ideas, observador de quienes vamos siendo. En esta experiencia somos capaces de dejar de lado a esa persona que creemos ser para simplemente ser. ¿Y cómo reconocer desde dónde me estoy moviendo? No es tan difícil...
Cuando nos ponemos egocéntricos nos aferramos férreamente a la imagen que tenemos de nosotros mismos, una imagen que podemos tenerle mucho cariño y tal vez sobrevaloración por el tiempo que hemos tardado en construirla. Pero es excesivo, entonces las situaciones se viven como una amenaza a "quien soy yo", aparecen las ganas de controlar, de ser posesivos o celosos. Se vive desde una limitación de lo que quiero que este dentro y fuera de mí, de lo que quiero para mí y como yo quiero. Nacen los juicios y categorías, la imagen que tenemos de nosotros actúa como un personaje que al ser excesivo se rigidiza en sus formas de percibir la realidad, por ello aparecen múltiples defensas para protegerme de eso que a veces no entiendo, que puede ser muy diferente a mí y lo que yo pienso, pues mi formato de mundo ya está lo bastante estructurado como para que venga la vida y lo mueva sorpresivamente. Si vivimos desde ahí, nuestros amigos serán quienes nos halagan o quienes tienen un ego más fuerte, aquí calzan bien las relaciones y/o conversaciones estereotipadas, predecibles, donde acariciamos la imagen del otro y el otro acaricia nuestra imagen, donde criticamos la imagen del otro y el otro critica nuestra imagen. Bajo este paragua de "este soy yo" para mantener ese yo, debo cumplir ciertas conductas que me autoimpongo, reitero que en la medida que es saludable soy capaz de verme en este ejercicio y flexibilizarme cuando sea necesario, pero comenzamos a enfermarnos cuando ya vivimos exclusivmamente por y para esa idea de lo que creo ser, entonces no conozco el presente, sino que me rijo por la idea pasada de lo que creo ser, y la fantasía futura de quien quiero ser, es como vivir en un diálogo de imágenes/proyecciones mentales.
Sanarnos de verdad implica mucha consciencia, mucho despertar sobre nosotros mismos y nuestra realidad, y también mucho amor para que cada cosa que veamos podamos integrarla, abrazar el aprendizaje y salir agradecidos frente a cada momento de la vida. Y en este espacio de mayor atención podemos reconocer que vivimos constantemente en la incertidumbre, permitiéndonos soltar nuestro deseo de control. Más que aferrarnos a nuestra imagen o a nuestras creencias, aprendemos aferrarnos a la vida misma, a lo que va siendo instante a instante, y en ello aprendemos a confiar, con la misma confianza con la que un niño llega al mundo. Aparece la sorpresa, la novedad, la creatividad, porque no estamos interesados en atrapar la realidad con nuestro limitado pensamiento, sino que aprendemos a reconocernos humanos, en una vida mucho más amplia que no podemos encerrarla en nuestras ideas por muy elaboradas que sean. Frente a este asombro cotidiano, emerge la gratitud, la claridad sobre la propia responsabilidad y también el perdón, pues si nos centramos en cómo estamos siendo en este presente, nuestro propio anhelo de bienestar incentivará rápidamente actitudes y valores que nos ayuden a estar plenamente presentes en este "aquí y ahora"... nos sorprendemos entonces de nosotros mismos. Y desde el ser, cada juicio y categoría se logran percibir notoriamente cómo nos van cerrando, cómo los pensamientos se pueden convertir en una jaula desactualizada donde nos metemos a nosotros mismos.
En este proceso de autosanación, al vivirlo conscientemente, creo que es casi inmediata la conexión que podemos llegar a sentir con los otros, pues el mayor daño que nos hacemos a nosotros mismos es esclavizarnos voluntariamente a nuestro propio ego a cambio de ilusiones.
"La ética, al igual que la felicidad, es incompatible con las emociones destructivas, y debe ser enriquecida por el amor, la compasión y las demás cualidades que reflejan la naturaleza profunda de nuestra mente. Uno de los significado de la palabra virtud es "coraje", "valentía". En este caso, se trata de valentía y el coraje en la lucha contra las emociones destructivas engendradas por el egocentrismo y la necesidad de desembarazarse del sentimiento de la importancia de uno mismo, de la ilusión del ego"
Matthieu Ricard

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