Cuando la competencia es el
elemento fundamental para el desarrollo de un país, se incentiva inmediatamente
una distorsión de nuestros vínculos con los otros. Cuando nos acostumbramos a
tratarnos como “clientes” -particularmente en Chile donde la mayoría de
nuestras acciones son un acto de consumo- resulta fácil olvidar que antes que todo somos
seres humanos. La lógica de “si yo estoy pagando por esto” o “tengo derecho a”,
la podemos reconocer desde la misma Conquista,
cuando el hombre occidental se adjudicó a sí mismo una posición superior sobre
el indígena como poseedor de la verdad, estructurando impositivamente sus
creencias y pautas de vida, sin dialogo, sin escucha, sin empatía, sin respeto,
sin humildad.
Entonces aprendimos que estar
arriba es mejor que estar abajo. Estar arriba no sólo implica que tendremos más
privilegios y reconocimientos, como recursos, protección y redes, sino que
convierte a mi semejante en mi “legitimo servidor”, ya sea porque le pago o
porque simplemente posee ciertas características que reflejan una posición distinta.
Sin embargo, desde una mirada más
humana y espiritual, es posible realmente comprender que para que yo crezca es
imprescindible que el otro también lo haga, de ahí nace la necesidad de enaltecer
al otro, donde la única grandeza se refleja en mi capacidad de vinculación,
siendo este vínculo amoroso, respetuoso, inclusivo con todos y todo lo que me rodea. La
visión fragmentada de nuestro sistema de vida se proyecta dentro y fuera de
nosotros. Siendo la misma visión que pone su atención más en el resultado que
en el proceso, que instrumentaliza a los otros y que crea finalmente complejas enfermedades
psíquicas y/o psicosomáticas .
Por ello olvidamos que “estar arriba” es la mayor de las responsabilidades, la “altura” debe ser equiparada con sensibilidad, donde el mayor enseña a respetar al menor a través de su propio respeto. Si reconozco frente a otro que mi perspectiva es más amplia o que mis recursos son mayores o que poseo mayores privilegios, entonces creo que es un deber existencial preguntarnos cómo puedo equilibrar lo que recibo con lo que puedo dar. Porque no vivimos solos, porque hay una gran familia que se llama humanidad, una sola casa llamada Tierra, y si en verdad quiero crecer en inteligencia y bondad, requiero verme permanentemente en relación con los otros y toda la realidad social, cultural y natural que me posibilita. Gracias a un país, sale electo un presidente, gracias a una familia, existe el padre de ésta, gracias al reconocimiento de la gente es que emerge el líder, gracias a que el otro sea otro yo soy yo. Entonces la distancia que puedo colocar con otro, no es más que la distancia que hay en mí mismo/a, en mi propia comprensión de quién realmente soy y lo que necesito, entre mi propio ego y mi ser, entre mis heridas, temores y fantasías y la versión sana y plena de mí.
Links de interés asociados:
Voces de la Tierra, Eugenio Carutti
https://www.youtube.com/watch?v=Kb-FwSlgDl4
https://www.youtube.com/watch?v=Kb-FwSlgDl4
El Poder de la Vulnerabilidad, Brené Brown
https://www.ted.com/talks/brene_brown_on_vulnerability
Claudio Naranjo y una Educación Sanadora
http://www.futuro360.com/data/2017/12/29/noticia-3.html
https://www.ted.com/talks/brene_brown_on_vulnerability
Claudio Naranjo y una Educación Sanadora
http://www.futuro360.com/data/2017/12/29/noticia-3.html

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