“Ajuste su propia máscara antes
de ayudar a otro” mencionan los asistentes de vuelo antes de que el avión
despegue, pero algunos pensarán ¿cómo es posible que deba preocuparme de mi mismo
cuando otro me necesita? Menos si ese otro es un familiar, un ser querido o un
niño. Bueno, esto es una tendencia constante en las personas y que se repite en
distintos contexto cuando queremos ayudar a otro, llegando inclusive al punto
en que nos descuidamos a nosotros mismos y comenzamos a sintomatizar por ello.
El problema es que este tipo de comportamiento suele transformarse en vicio
cuando por ejemplo, primero ayudamos a alguien y luego el desgaste comienza a
acumularse hasta que también necesitamos que otro nos ayude para poder
restablecernos. Más ¿qué pasaría si cada uno se ocupa de ajustar su propia
máscara primero?
Pareciera que se nos olvida de
que si queremos enseñar cuidado, primero debemos cuidarnos, o es que tal vez
algo escondemos en este reflejo de ser “súper héroes” de quienes tenemos al
lado. Ahí muchas veces nos juegan en contra nuestras necesidades afectivas,
necesidades que se intensifican mayormente si devienen de nuestra infancia, dando
origen a proyecciones que acarreamos inconscientemente; Pero ¿qué hace que
quiera mirar la necesidad del otro antes que mi propia necesidad?, ¿qué me
lleva a reconocer la falta en el otro antes que las mías?, ¿qué gratificaciones
espero de la ayuda que estoy brindando? Gran parte de las situaciones en que
las personas se vuelcan a ayudar a su hijo, pareja, amigo, etc. al punto en que
se olvidan de sí mismo, la ayuda también deja de ser beneficiosa, y muchas
veces el mismo hecho de estar siempre ahí para un otro, de alguna manera,
tampoco facilita el crecimiento de quienes queremos ver mejor.
En dicha instancia, lo que sorprende
es el temor que aparece hacia la independencia emocional, a que tal vez ese
otro no me necesite tanto como yo deseo ayudarle, y muchas veces se confunde
aquello con amor, creyendo erróneamente que si más me necesita significa
entonces que más me ama. No es así. El amor en este caso, lo podemos
representar como un horizonte valórico, un ideal de armonía integral en el que
existe la confianza, el respeto, la paciencia, la fuerza y la claridad. Si eso es
lo que deseo entregar, primero debo demostrar-me que soy capaz de entregármelo
a mi mismo, que yo tengo más de aquello que deseo otorgar, que soy capaz de
verme a mí mism@, reconocerme a mí mism@ y hacerme cargo de mí, luego -y sólo
ahí- podré realmente ayudar sin proyectar, para que de esa manera pueda crear
una relación saludable. Una vez "con mi máscara puesta" contaré con el oxígeno
suficiente que me permitirá ser un real apoyo para el crecimiento de alguien, y
no una muleta de la cual dependa toda su vida. Pero claro, lo fundamental es
estar dispuestos a vernos como seres independientes emocionalmente y no sentir
en ello una amenaza sino una posibilidad de conocer a alguien
gestionando sus propios aprendizajes, cultivando su propio crecimiento, tal
como lo hacemos con nosotros mismos, para que todos tengamos la oportunidad de
realizarnos plenamente en esta escuela llamada vida.
