viernes, 5 de abril de 2019

“Ajuste su propia máscara antes de ayudar a otro"

“Ajuste su propia máscara antes de ayudar a otro” mencionan los asistentes de vuelo antes de que el avión despegue, pero algunos pensarán ¿cómo es posible que deba preocuparme de mi mismo cuando otro me necesita? Menos si ese otro es un familiar, un ser querido o un niño. Bueno, esto es una tendencia constante en las personas y que se repite en distintos contexto cuando queremos ayudar a otro, llegando inclusive al punto en que nos descuidamos a nosotros mismos y comenzamos a sintomatizar por ello. El problema es que este tipo de comportamiento suele transformarse en vicio cuando por ejemplo, primero ayudamos a alguien y luego el desgaste comienza a acumularse hasta que también necesitamos que otro nos ayude para poder restablecernos. Más ¿qué pasaría si cada uno se ocupa de ajustar su propia máscara primero?


Pareciera que se nos olvida de que si queremos enseñar cuidado, primero debemos cuidarnos, o es que tal vez algo escondemos en este reflejo de ser “súper héroes” de quienes tenemos al lado. Ahí muchas veces nos juegan en contra nuestras necesidades afectivas, necesidades que se intensifican mayormente si devienen de nuestra infancia, dando origen a proyecciones que acarreamos inconscientemente; Pero ¿qué hace que quiera mirar la necesidad del otro antes que mi propia necesidad?, ¿qué me lleva a reconocer la falta en el otro antes que las mías?, ¿qué gratificaciones espero de la ayuda que estoy brindando? Gran parte de las situaciones en que las personas se vuelcan a ayudar a su hijo, pareja, amigo, etc. al punto en que se olvidan de sí mismo, la ayuda también deja de ser beneficiosa, y muchas veces el mismo hecho de estar siempre ahí para un otro, de alguna manera, tampoco facilita el crecimiento de quienes queremos ver mejor.

En dicha instancia, lo que sorprende es el temor que aparece hacia la independencia emocional, a que tal vez ese otro no me necesite tanto como yo deseo ayudarle, y muchas veces se confunde aquello con amor, creyendo erróneamente que si más me necesita significa entonces que más me ama. No es así. El amor en este caso, lo podemos representar como un horizonte valórico, un ideal de armonía integral en el que existe la confianza, el respeto, la paciencia, la fuerza y la claridad. Si eso es lo que deseo entregar, primero debo demostrar-me que soy capaz de entregármelo a mi mismo, que yo tengo más de aquello que deseo otorgar, que soy capaz de verme a mí mism@, reconocerme a mí mism@ y hacerme cargo de mí, luego -y sólo ahí- podré realmente ayudar sin proyectar, para que de esa manera pueda crear una relación saludable. Una vez "con mi máscara puesta" contaré con el oxígeno suficiente que me permitirá ser un real apoyo para el crecimiento de alguien, y no una muleta de la cual dependa toda su vida. Pero claro, lo fundamental es estar dispuestos a vernos como seres independientes emocionalmente y no sentir en ello una amenaza sino una posibilidad de conocer a alguien gestionando sus propios aprendizajes, cultivando su propio crecimiento, tal como lo hacemos con nosotros mismos, para que todos tengamos la oportunidad de realizarnos plenamente en esta escuela llamada vida. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario