Diariamente consciente e
inconscientemente tomamos múltiples decisiones que van configurando nuestra
vida, dándole forma a lo que somos como también a lo que proyectamos en nuestro
entorno. El poder de nuestras decisiones radica justamente en nuestra capacidad
para crear y construir aquello que anhelamos, no obstante, muchas veces
desplazamos esa responsabilidad a factores externos como el contexto, otras personas
o circunstancias que logran influenciarnos fuertemente, como también a los
mandatos sociales, las modas, el pensamiento colectivo, inclusive necesidades
de nuestra infancia, etc. Aquí, nuevamente, nos enfrentamos con la importancia
del autoconocimiento para reconocer con plena claridad desde dónde tomamos
nuestras decisiones.
Decidir nos posiciona, delimita
aquello que es importante y lo que no para cada quien. Cuando elegimos algo,
consecuentemente dejamos de optar por otra cosa. A veces, es justo ese temor a
definirse lo que dificulta a muchas personas tomar decisiones certeras, que
provengan de una clara convicción interna. En dichas instancias, lidiamos con el
miedo al rechazo, con la inseguridad, el temor a equivocarnos, las
expectativas, la vergüenza, el riesgo, etc. La capacidad para tomar conscientemente
nuestras decisiones refleja con exactitud el dominio que podemos tener o no
sobre nosotros mismos, sobre nuestra propia emocionalidad y el flujo mental que
se moviliza cuando tomamos una decisión significativa. La confianza en este
punto, es un elemento vital. Es la misma confianza que idealmente adquirimos en
la primera fase de nuestra vida, más si no fue así, será el elemento que debemos
aprender a desarrollar por nosotros mismos para saber elegir.
Cuando somos capaces de
capitalizar nuestros aprendizajes, integrando las lecciones que devienen de
nuestra propia experiencia de vida, entonces es probable que día a día
aumentemos nuestro nivel de consciencia, amplifiquemos cotidianamente nuestra
perspectiva, complejicemos nuestra visión, maduremos en nuestro entendimiento.
Si logramos ello, la consecuencia inequívoca la apreciaremos en nuestras
decisiones. Nos sentiremos fortalecidos para tomar decisiones más profundas,
más armónica con uno mismo, potenciando nuestra capacidad para sostener todo
aquello que surja al tomar el volante de nuestra vida y escoger una determinada
dirección.
Para cultivar nuestra
autorealización precisamos tomar decisiones valientes. No necesariamente
impulsivas o arriesgadas (aunque a veces eso también es necesario) sino más bien,
decisiones autónomas, que nazcan justamente de la práctica del ejercicio constante
del auto-conocerse y descubrirse para que nuestra elección sea sostenida principalmente
por la relación íntima y saludable con uno mismo. Tal vez habrán personas que
compartirán nuestras elecciones, tal vez no, ello no debe atrapar nuestra
atención. El foco debe estar puesto en aquello que es importante para “mí”,
reconociéndome como el principal responsable de mí mism@, porque si no puedo
tomar dicha responsabilidad ¿entonces de qué puedo hacerme cargo? Somos nuestra
primera tierra, nuestro principal hogar, quienes tenemos el poder de
levantarnos o destruirnos. La valentía es también una expresión de amor propio,
del coraje, la confianza y la fe que podemos entregarnos a nosotros mismos.
Luego de recorrer un trayecto introspectivo, tranquilamente podemos tomar esa
decisión valiente en la que reafirmo: “sí, creo en mí mism@”.
"Aprende a conquistar la libertad de ser tú mismo,
libérate de los frenos falsos."
Ami, el niño de las Estrellas.
E. Barrios
"Aprende a conquistar la libertad de ser tú mismo,
libérate de los frenos falsos."
Ami, el niño de las Estrellas.
E. Barrios

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