¿Puedes apreciar el ritmo
presente que hay en cada elemento de la vida? En la sucesión del día y la
noche, en la transición de cada etapa evolutiva, en el transcurrir de las
estaciones del año, en las fases de la luna, en el movimiento del mar, etc. ¿Puedes apreciar el ritmo
presente en ti? En tu propio ciclo de sueño y vigilia, en las rutinas
alimenticias, en las necesidades de socializar e interiorizarse, incluso en el
devenir de las propias emociones, la actividad mental y las conductas que
devienen de ello.
Si creemos que la racionalización
es la única manera de entender, aprehender y relacionarnos con el mundo, es probable que
neguemos la valiosa información que otorga la sensibilidad, y no me refiero al
sentimentalismo, sino más bien a la capacidad de agudizar nuestros canales
orgánicos perceptivos como también intuitivos para recibir certezas de aquello
que acontece y que no puede ser acogido por el filtro de la racionalidad. Es esta
disposición a sentir lo que nos permite conectar con los ritmos sutiles tanto
internos como externos que se presentan en nuestro día a día. Para llevar
armónicamente cada ritmo, es primordial cultivar el respeto hacia las
necesidades que éstos presentan. Conocer esta cualidad tanto en nosotros como
en los otros, nos reitera que la vida no es necesariamente aquello que deseamos
que sea, sino más bien posee su propio flujo que trasciende cualquier apego o
fijación respecto a nuestros deseos y expectativas. En múltiples ocasiones,
solo por la dificultad de no saber aceptar y respetar un ritmo, creamos
consecuentemente nuestro propio conflicto o sufrimiento.
Hoy en día, estamos viviendo una
gran crisis que repercute en términos económicos, sociales, sanitarios,
educacional, político, ecológico, etc. En este escenario, se vuelve fundamental
reconectar con cada ritmo, ya que solo desde ahí encontraremos la confianza
necesaria para sostenernos frente a la tensión provocada por la caída de
distintos paradigmas, sistemas, ideologías e instituciones en este momento de
crisis. La cultura patriarcal ha impuesto un ritmo sobre la propia vida, ha
fallado en generar el respeto necesario para que la misma vida mantenga su
equilibrio al priorizar la productividad como principio regulador, mientras que
cada crisis nos interpela a reconocer qué es lo verdaderamente importante: la
vida.
Nuestro primer espacio de
conexión con el ritmo vital es nuestra respiración, respirar conscientemente
puede ser el primer acercamiento para reconocer el impacto que tiene el ritmo
en nosotros mismos, en nuestra salud física, emocional y mental. El aire que
podemos llevar a lo hondo de nuestro cuerpo no sólo irá destensando la
musculatura, sino además comenzará a permearnos debilitando la rigidez junto
al exceso de ruido mental. Gracias a este ejercicio de conexión interna, se fortalece
nuestra capacidad de conectar con los otros y nuestro entorno, lo que es posible
sostener mediante la práctica. Desarrollar este silencio interno, potencia la
lucidez que permite diferenciar lo necesario de lo impuesto, lo proyectado de
lo que realmente es, la reacción del suceso. Y desde ahí, nos renovamos a
través de esta perspectiva y sabiduría, que facilitará la creación de nuevas
ideas, nuevos sistemas y formas de vida que esta vez sí conserven el equilibrio
y abandonen el egocentrismo. Para ello, tendremos que desanclar nuestros
apegos, limpiarnos de las expectativas irreales de cómo sería una vida
perfecta, y encontrar en nuestro aprendizaje permanente y cotidiano, la perfección.
¿Respetas tu propio ritmo? Esas
necesidades más profundas que no caben dentro de ningún mandato social o
cultural, tan propias que no hay alguien más que pueda atenderlas. Más allá de
lo que queremos ser, está lo que realmente somos. Más allá de lo que queremos obtener,
está lo que honestamente necesitamos. ¿Puedes escucharte? Habrá un ir y venir,
un momento para cada cosa, será el proceso lo que solicitará nuestra total
presencia, el tiempo perderá su noción, y en esa capacidad de atender, de estar
aquí, recuperaremos la confianza, nuestro vehículo esencial para ir hacia adelante… será
como un único palpitar que resuena dentro y fuera de nosotros para que cuando cae lo conocido, sepamos desplazarnos en lo incierto. No perdamos este ritmo universal que nos sostiene y compartimos.
"El paso que necesitamos dar en este momento, es educarnos en el saber y sentir que pertenecemos y somos en una Vida Mayor que nos vincula y que solo en consciencia haremos el proceso personal a tomar nuestra responsabilidad en esto, sabiendo que con nuestros pensamientos y acciones afectamos a toda la trama viviente, porque todo está interrelacionado y que desde cada uno creamos el mundo cada día, que cada existencia significa, importa, que no da lo mismo, y que es nuestra misión y sentido aportar desde el estado personal al quehacer cotidiano para que esto se vaya desplegando en las sociedades e instituciones"
Patricia May
"El paso que necesitamos dar en este momento, es educarnos en el saber y sentir que pertenecemos y somos en una Vida Mayor que nos vincula y que solo en consciencia haremos el proceso personal a tomar nuestra responsabilidad en esto, sabiendo que con nuestros pensamientos y acciones afectamos a toda la trama viviente, porque todo está interrelacionado y que desde cada uno creamos el mundo cada día, que cada existencia significa, importa, que no da lo mismo, y que es nuestra misión y sentido aportar desde el estado personal al quehacer cotidiano para que esto se vaya desplegando en las sociedades e instituciones"
Patricia May


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