domingo, 30 de junio de 2024

El valor del esfuerzo: nuestra voluntad de crecer.

Aprender a esforzarnos por algo resulta fundamental cuando aspiramos a mejorar día a día. Porque es en el esfuerzo consciente, en el momento en que voluntariamente nos colocamos en situaciones que sabemos que nos generarán incomodidad, donde comienzan a desarrollarse nuevas conexiones cerebrales a través de las cuales redefinimos aquello que nos es "familiar", construyendo internamente una nueva perspectiva y conducta desde la cual nos cultivamos a nosotros mismos, desde donde cultivamos la persona que queremos ser. 

Pero para lograr dicho crecimiento tenemos que identificar en qué medida mi entorno me invita excesivamente al hedonismo o a la comodidad, de manera que cualquier sensación que aparezca en mi vida de incomodidad, me cause rechazo inmediato. Por ejemplo, puedo rechazar cocinar si he estado usando excesivamente los deliverys, puedo rechazar el ejercicio y el movimiento si mi vida es muy sedentaria, puedo rechazar un punto de vista diferente si he estado muy encerrado en mi mismo/a, puedo rechazar tomar un nuevo desafío si esto me pide reorganizar mi vida de una forma distinta a la que he estado acostumbrada/o.

Para la doctora en psicología Carol Dweck, el esfuerzo representa el camino a la maestría, es decir, el esfuerzo es la vía a través de la cual nos perfeccionamos para el desarrollo que deseamos. Para quienes operan desde una "mentalidad de crecimiento", al ver que un determinado camino representa un esfuerzo personal, saben que allí está el aprendizaje, y es en ese fruto conquistado de nuevas experiencias y conocimientos, lo que permite avanzar hacia un nivel superior de desarrollo, para lo cual es requisito en alguna medida, desafiar a la persona que somos hoy. El esfuerzo entendido así, se transforma en nuestro capital natural de crecimiento.  

Apreciar el esfuerzo que damos día a día para mejorar(nos), permite valorarlo como una cualidad nutritiva, no desde el sufrimiento ni del sacrificio, sino desde la expansión que diariamente buscamos desenvolver en nosotros mismos, reconociendo que puedo llegar a más si todos los días doy un poco más... como quienes intentan elongar un músculo y al practicar permanentemente logran alargarlo paulatinamente. Abrazar nuestro esfuerzo hace temblar a nuestras limitaciones, tantas veces autoimpuestas, pues ya no nos identificamos con el "pobre de mí" o el "no puedo", sino con aquellas posibilidades que sí tenemos y que podemos trabajar cada día poco a poco.


¿Buscas constantemente tú crecimiento integral?