Aprender a esforzarnos por algo
resulta fundamental cuando aspiramos a mejorar día a día. Porque
es en el esfuerzo consciente, en el momento en que voluntariamente nos
colocamos en situaciones que sabemos que nos generarán incomodidad, donde
comienzan a desarrollarse nuevas conexiones cerebrales a través de las cuales redefinimos aquello que nos es "familiar", construyendo internamente una nueva perspectiva y
conducta desde la cual nos cultivamos a nosotros mismos, desde donde cultivamos
la persona que queremos ser.
Pero para lograr dicho
crecimiento tenemos que identificar en qué medida mi entorno me invita
excesivamente al hedonismo o a la comodidad, de manera que cualquier
sensación que aparezca en mi vida de incomodidad, me cause rechazo inmediato. Por ejemplo, puedo rechazar cocinar si he estado
usando excesivamente los deliverys, puedo rechazar el ejercicio y el movimiento
si mi vida es muy sedentaria, puedo rechazar un punto de vista diferente si he
estado muy encerrado en mi mismo/a, puedo rechazar tomar un nuevo desafío si
esto me pide reorganizar mi vida de una forma distinta a la que he estado
acostumbrada/o.
Para la doctora en psicología
Carol Dweck, el esfuerzo representa el camino a la maestría, es decir, el
esfuerzo es la vía a través de la cual nos perfeccionamos para el desarrollo que
deseamos. Para quienes operan desde una "mentalidad de crecimiento",
al ver que un determinado camino representa un esfuerzo personal, saben que allí está el
aprendizaje, y es en ese fruto conquistado de nuevas experiencias y
conocimientos, lo que permite avanzar hacia un nivel superior de
desarrollo, para lo cual es requisito en alguna medida, desafiar a la persona
que somos hoy. El esfuerzo entendido así, se transforma en nuestro capital natural de crecimiento.
Apreciar el esfuerzo que damos
día a día para mejorar(nos), permite valorarlo como una cualidad nutritiva, no
desde el sufrimiento ni del sacrificio, sino desde la expansión que diariamente
buscamos desenvolver en nosotros mismos, reconociendo que puedo llegar a más si
todos los días doy un poco más... como quienes intentan elongar un músculo y al
practicar permanentemente logran alargarlo paulatinamente. Abrazar nuestro
esfuerzo hace temblar a nuestras limitaciones, tantas veces autoimpuestas, pues
ya no nos identificamos con el "pobre de mí" o el "no puedo", sino con aquellas
posibilidades que sí tenemos y que podemos trabajar cada día poco a poco.
¿Buscas constantemente tú
crecimiento integral?

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