En medio de una cultura de consumo, diariamente escuchamos conceptos que más veces de las que quisiéramos comienzan a trasladarse a nuestra propia subjetividad, llegando a alterar incluso, la manera en que nos comprendemos a nosotros mismos. Expresiones como: "fast food", "flash sales", "cyber day", "descuentos por pocos días", "pago automático", etc. Instalan un ritmo sobre nuestro diario vivir que regularmente no coincide con la velocidad que requieren los procesos humanos. Al estar inmersos en un entorno que invita al consumo inmediato (ya sea física o virtualmente), inconscientemente empezamos a generar la expectativa de que todos nuestros deseos "deberían" cumplirse de forma rápida, instantánea, con la misma facilidad con la que, por ejemplo, podemos comprar algo a través de una aplicación o elegir una serie de tv. Con el transcurrir del tiempo, paulatinamente nos vamos entrenando en desconectarnos de nuestro ritmo vital, de nuestra propia capacidad para sentir, percibir el momento a momento de cada proceso, ya sea un duelo, un embarazo, conocer a alguien, elaborar un trauma, asimilar un cambio, etc. frente a tales realidades comenzamos a tratarnos como máquinas donde en ocasiones llegamos a maltratarnos o decepcionarnos de nosotros mismos cuando no obtenemos el estado interno que deseamos. Allí, es muy fácil que aparezca la excesiva frustración y también la ansiedad por querer ver "ya" ese resultado que queremos.
Hola, soy Barín Rama, es el nombre nativo que me dieron abuelos del pueblo amazónico Shipibo, de quienes he aprendido por varios años junto a su naturaleza. También soy psicóloga, magíster en psicología positiva, amante del desarrollo humano y el yoga. En este trayecto he ido construyendo mi perspectiva de sanación la cual comparto aquí con ustedes. "Raíz de Sentido" es un lugar para creer en uno mismo y en todos nosotros como los creadores esenciales de una mejor vida. Gracias por estar aquí.
miércoles, 7 de mayo de 2025
Una conexión coherente: La tarea de recuperar el ritmo y procesar humano.
Recuperar el ritmo humano se ha vuelto esencial, pues ya sabemos que no por mucho producir o poseer nos sentimos mejor. En la misma medida que necesitamos re-conectar con nuestra propia naturaleza, necesitamos aprender a sostener procesos, apaciguar el impulso consumidor para transformarlo en paciencia y sabiduría, aprendizajes que solo se obtienen en la calma, en la presencia y en el paso a paso. Más que subir o bajar el ritmo, es ante todo tomar consciencia del propio ritmo, explorar la manera en que solemos procesar las distintas emociones, el tiempo que requerimos para integrar nuevas informaciones, apreciar el lenguaje del cuerpo, ver qué está reflejando y qué está pidiendo. Tal vez allí se desacelere nuestro andar, pero esto hará que a su vez, cada paso sea más robusto, más completo, más profundo, más coherente con nuestro propio ser integral.
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