sábado, 29 de julio de 2017

Felicidad comienza con "fe"

Es distinto buscar la felicidad afuera de nosotros, a querer cultivarla en el presente que vivimos. A veces, parece muy difícil, a veces, parece imposible, pero es justamente en esos momentos donde podemos ser plenamente creadores de nuestra felicidad. Alejándonos de la ilusión, valorando lo que nos enseña la realidad. Aceptando lo que no es como nosotros quisiéramos que sea, dándole sentido a lo que nosotros sí podemos hacer: con nuestra forma de actuar, nuestra forma de pensar, nuestra manera de sentir. Es así, en ese espacio interno de uno mismo, donde podemos crear nuestra felicidad. Desde múltiples corrientes, tanto filosóficas como religiosas, psicológicas y espirituales, la felicidad se relaciona esencialmente con el significado que le otorgamos a nuestra vida. Siendo cada uno, desde los propios conceptos y categorías mentales, quienes decidimos cómo aclarar u oscurecer el panorama que vemos. Claro que influye el estado en que se encuentra nuestro organismo, el ambiente que habitamos, las personas con las que nos relacionamos, nuestros hábitos y predisposiciones. Mas para ser feliz, es fundamental la voluntad de querer serlo. ¿Cuán acostumbrados podemos estar con la amargura? ¿Con reclamar más que proponer, con rechazar más que valorar, con hablar mal de los otros más que hablar bien, con criticar más que agradecer, con desconfiar antes que confiar?. Ir hacia abajo es más fácil que ir hacia arriba. Por ello, los especialistas del tema, nos recuerdan reiterativamente que ser feliz es una decisión.  

Elegir ser feliz, implica tomar la responsabilidad de crearse a uno mismo como tal. Para ello, resulta necesario poner especial atención y cuidado a 3 dimensiones fundamentales en el ser humano: cuerpo, mente y afectos. Dar cuenta de estos tres aspectos en uno mismo, nos ayuda a reconocer y guiar con claridad cómo somos y hacia dónde queremos ir. Prácticas como quejarse, hablar de más o mal de los otros, tener ideas o conductas autodestructivas, preocuparse y apegarse excesivamente, obsesionarse con el control, quedarse en la fantasía, acrecentar el orgullo y la ambición, así como también la comodidad y la rigidez, no nos permite mantenernos abiertos a la vida, ser sensibles a los aprendizajes y elementos positivos del presente para valorar lo bueno que hay en nosotros y en nuestro alrededor.
Cuidar nuestra alimentación, realizar ejercicios, desarrollar nuevas experiencias, conectarse con el silencio y la naturaleza, desacelerar el ritmo cotidiano, agradecer,  perdonar, aprender a escuchar y observar lo que nos rodea, nos ayuda a conocernos y desarrollarnos como individuos, a mantenernos livianos y flexibles, estimulando un estado de bienestar que se comparte con quienes nos rodean. Cada pensamiento, conducta y sentimiento que emerge de nosotros es nuestra responsabilidad, y es la fuente desde donde nace nuestra felicidad o infelicidad. 

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