Es distinto buscar la felicidad
afuera de nosotros, a querer cultivarla en el presente que vivimos. A veces, parece muy difícil, a veces, parece imposible, pero
es justamente en esos momentos donde podemos ser plenamente creadores de
nuestra felicidad. Alejándonos de la ilusión, valorando lo que nos enseña la realidad.
Aceptando lo que no es como nosotros quisiéramos que sea, dándole sentido a lo
que nosotros sí podemos hacer: con nuestra forma de actuar, nuestra forma de
pensar, nuestra manera de sentir. Es así, en ese espacio interno de uno mismo,
donde podemos crear nuestra felicidad. Desde múltiples corrientes, tanto
filosóficas como religiosas, psicológicas y espirituales, la felicidad se
relaciona esencialmente con el significado que le otorgamos a nuestra vida.
Siendo cada uno, desde los propios conceptos y categorías mentales, quienes
decidimos cómo aclarar u oscurecer el panorama que vemos. Claro que influye el
estado en que se encuentra nuestro organismo, el ambiente que habitamos, las
personas con las que nos relacionamos, nuestros hábitos y predisposiciones. Mas
para ser feliz, es fundamental la voluntad de querer serlo. ¿Cuán acostumbrados
podemos estar con la amargura? ¿Con reclamar más que proponer, con rechazar más
que valorar, con hablar mal de los otros más que hablar bien, con criticar más
que agradecer, con desconfiar antes que confiar?. Ir hacia abajo es más fácil
que ir hacia arriba. Por ello, los especialistas del tema, nos recuerdan
reiterativamente que ser feliz es una decisión.
Elegir ser feliz, implica tomar la responsabilidad de crearse a uno mismo
como tal. Para ello, resulta necesario poner especial atención y cuidado a 3
dimensiones fundamentales en el ser humano: cuerpo, mente y afectos. Dar cuenta de estos tres
aspectos en uno mismo, nos ayuda a reconocer y guiar con claridad cómo somos y
hacia dónde queremos ir. Prácticas como quejarse, hablar de más o mal de los
otros, tener ideas o conductas autodestructivas, preocuparse y apegarse
excesivamente, obsesionarse con el control, quedarse en la fantasía, acrecentar
el orgullo y la ambición, así como también la comodidad y la rigidez, no nos
permite mantenernos abiertos a la vida, ser sensibles a los aprendizajes y elementos
positivos del presente para valorar lo bueno que hay en nosotros y en nuestro
alrededor.
Cuidar nuestra alimentación, realizar ejercicios, desarrollar nuevas
experiencias, conectarse con el silencio y la naturaleza, desacelerar el ritmo
cotidiano, agradecer, perdonar, aprender
a escuchar y observar lo que nos rodea, nos ayuda a conocernos y desarrollarnos
como individuos, a mantenernos livianos y flexibles, estimulando un estado de
bienestar que se comparte con quienes nos rodean. Cada pensamiento, conducta y
sentimiento que emerge de nosotros es nuestra responsabilidad, y es la fuente
desde donde nace nuestra felicidad o infelicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario