Reconocer que yo soy quien elijo
ser cada día, momento a momento, no es algo menor. Desarrollar el amor propio
necesario para sostenerme
consecutivamente en el presente, es sin duda uno de los elementos esenciales
para alcanzar la madurez; y no me refiero a la madurez física, esa que es inevitable
por mucho que tratemos de taparla con pinturas, ropas u operaciones, me refiero
a la madurez de la calma, la del silencio interno, del equilibrio, de la
alegría y gratitud constante hacia la vida, sin caer en la idealización o manía.
Para ser conscientemente esa persona que elije, requiero un mínimo de
instrospección, un esfuerzo determinado de auto(re)conocimiento como creador/a
de mi realidad. Y para posicionarme en este lugar, es necesario aprender a
observar nuestra mente… ¿de dónde nace cada “me gusta” o cada “quisiera”?
En la meditación se habla de ser
“testigos” de nosotros mismos, desde las culturas que he estudiado o he
habitado, los nombres y conceptos van cambiando, pero el ejercicio a realizar
(desde mi punto de vista) es siempre el mismo: observar y elegir como dos acciones
continuas. No por nada desde la Fenomenología se habla de que no vemos las
cosas cómo son, sino más bien cómo somos. Por ello es fundamental observarme,
aprender a reconocer un espacio más profundo en mí que puede silenciarse ante
mí mismo/a para ser testigo del creador/a que soy. Ahí es donde aparecen tantas
posibilidades de caminos espirituales como el yoga, rituales, terapias, etc. que
intentan ayudarnos a reconectarnos con ese espacio donde nuestra percepción se
amplifica y logramos superar los juicios e ideas preconcebidas para hacernos
plenamente responsables y amorosos con nosotros mismos, y así poder darle un
curso realmente propio a nuestra vida.
Y poco a poco va cambiando
nuestra relación con los otros y nuestro entorno, nos volvemos menos reactivos
y mucho más activos, cambiamos la distracción por la concentración, la victimización
por la apropiación, el rechazo por la aceptación, el conformismo por la superación.
¿Cuántas ideas pueden pasar en un solo día en nuestra mente? Algunos especialistas
explican que para ser felices es necesario aprender a no ser “seducidos” por
todos nuestros pensamientos, que el dominio de la mente es imprescindible para
una vida satisfactoria. Desde ciertas orientaciones se compara la mente con un
animal, un elefante o un buey por ejemplo, con el cual partimos primero
tratando de seguir desesperadamente o siendo arrastrado por ellos sin ningún
manejo de la situación, para que luego en forma progresiva logremos domarlo, llegando incluso a poder sentarnos sobre este
animal de gran tamaño y con los ojos cerrados hacer que este vaya según lo que
nosotros direccionamos.En cada palabra que escribo y digo no pretendo dar un consejo desde ningún lugar de conocimiento, solo recuerdo y me recuerdo el camino que quiero llevar, que puede nombrarse como un camino de salud, de amor, de claridad, pero que distintas personas desde diferentes espacios de vida nos muestran, y yo aquí uno y archivo lo que desde mi prisma puedo y quiero rescatar.
Si tomamos el caso de Chile, por
ejemplo, es el país latinoamericano con mayor índice de obesidad, depresión y
alcoholismo, y son estos síntomas los que no son coherentes de esconder detrás de
una fachada de exitismo. Son estos síntomas los que reflejan la lejanía hacia
nuestra propia humanidad, lo enajenado que podemos estar bajo un sistema
alienante. Podemos partir por observarnos un poco más, practicar esa
observación silente desde la cual solo me reconozco, no para criticarme ni para
adularme, sino para acompañarme, sostenerme y guiarme con sabiduría y amor.

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