martes, 12 de diciembre de 2023

El Buen Merecimiento: El reconocimiento de nuestro Universo Amoroso

He leído en distintos espacios que "para recibir abundancia primero tienes que creer que lo mereces", y me pregunto cada vez que leo aquello, ¿de verdad es así?, ¿cómo se activa una creencia automáticamente?. Desde mi perspectiva, derrocar una creencia como aquellas llamadas "limitantes", e incorporar una nueva creencia del tipo "expansiva", requiere de un proceso que se desarrolla gracias a que nos es posible decidir transitar conscientemente por los distintos aspectos que sostienen nuestros pensamientos y/o conductas . Tal como si quisiéramos dinamitar una estructura grande y vieja, se requiere preparación, tiempo, cuidado, atención, pues no sería algo que sucedería a punta de repeticiones, sino más bien gracias a un concienzudo trabajo con el cual logramos localizar nuestros enganches conscientes e inconscientes que conectan y constituyen nuestra forma de ser; lo que muchas veces también es revelador y doloroso. Y allí quise entrar, a observarme para reconocer todo aquello que se mueve en mí cada vez que escucho la palabra merecimiento. Luego de meses, y diría también años, he llegado a ciertos puertos internos que quiero compartir. 

Merecimiento es un concepto que se relaciona con el valor o estima de algo o alguien, si una cosa merece nuestra atención es porque consideramos que de alguna forma lo vale, por alguna razón que puede ser racional o intuitiva, pero algo despierta en nosotros por lo que optamos brindarle presencia ya sea física, mental y/o emocional. La confusión aparece cuando creemos que merecemos/valemos por lo que tenemos y no por lo que somos, y en esa confusión nuestra cultura aporta bastante. ¿Acaso el presidente merece más nuestra atención que la persona que hace el aseo?, ¿o tiene más peso aquello que dice un influencer por sobre lo que nos diga un desconocido?. Si ponemos a los otros en una escala de importancia o merecimiento, es inevitable que también hagamos esto con nosotros mismos, que nos consideremos más importantes o valiosos que unos, y menos relevantes que otros, activando nuestra disposición a la inseguridad y soberbia; mientras que la vida nos recuerda constantemente que somos todos igual de significativos. Si para nuestra sobrevivencia en la tierra las abejas son igual de necesarias que el presidente, si las cosechas requieren tanto del verano como el invierno, ¿por qué tú o yo seríamos más o menos indispensables que cualquier otro ser humano o que cualquier otra forma de vida en la tierra?

Es desde ahí que el merecimiento se liga directamente con la madurez de nuestro concepto de amor, ya que amar implica tener una disposición sensible tanto con nosotros mismos como con nuestro entorno. Si somos capaces de amar, somos capaces de estimar, de darle valor a la vida tanto dentro como fuera de nosotros. Ampliar nuestra capacidad de amar, depende de cuánto podemos integrar amorosamente, y ello a su vez, dependerá de cuán capaces seamos de perdonar, de salir de la mirada individualista o egocéntrica que tantas veces crea una falsa superioridad moral, cómo si fuésemos el más certero juez según nosotros mismos. Entonces, gracias a una equilibrada visión inclusiva, el merecimiento se torna la retribución que recibimos por parte de la vida cuando en mi mirada llevo amorosamente la totalidad de mi experiencia vital. Desde este punto de vista, el merecimiento es el fruto coherente de un focalizado trabajo interno, y es por ello que puede ser recibido, sostenido y disfrutado con total alegría, liviandad y goce. 

¡Claro que todos somos merecedores!, la abundancia y generosidad son cualidades de la misma tierra que habitamos, pero lamentablemente nuestra idiosincrasia humana, organizada desde hace mucho tiempo en base a privilegios y estatus sociales, distorsiona nuestro pensamiento haciéndonos creer que algunos somos más y otros somos menos, tanto así que incluso hemos aprendido a tratarnos de forma diferenciada según la escala de importancia que nos inventamos, cómo tener una clase vip para aquel que puede pagar más y no para quien realmente lo necesita, como una madre lactante o un anciano por ejemplo. En otras palabras, hemos creado nuestra propia división y con ello nuestro propio sufrimiento como humanidad. 

¿Y qué es lo que merecemos? Sentirnos dichosos, experimentar la vida como el regalo que es. Merecemos lo que necesitamos para estar tranquilos, para poder seguir sirviendo al mundo en paz, para abrir paso a la realización de nuestro corazón. Merecemos sentirnos amados por el amor que somos y el amor que damos, como cuando alguien cocina algo delicioso y el aroma llama a los comensales, si eso delicioso que preparas es tu interior, te rodearán personas o situaciones que valoren tal nutritivo festín. El sentimiento del buen merecimiento también guarda  relación con nuestro autoconcepto, ¿acaso quien pienso que soy?, ¿hay cabida en esa noción de mi mismo/a para mis potencialidades y mi fragilidad humana? en la medida que reconocemos ambos elementos podemos ir de forma conectada con lo que "mi entorno me muestra y no tan solo con lo que yo quiero ver". Es decir, es requisito para un buen merecimiento tener una mirada completa de nosotros mismos, pues quien no se re-conoce a sí mismo/a, es difícil que sepa reconocer lo que tiene, sea esto mucho o poco, nunca será suficiente.  

Merecer no se trata solo de tener dinero y riquezas de distinto tipo, sino también es clave cómo la tengo, cómo la llevo, cómo me siento con ello, cómo está mi cuerpo mientras lo experimento, cómo duermo por las noches o qué tan solo/a me siento. Hay muchos que descansan en su éxito material como quien reposa una siesta en el Everest, pero sabemos que ello no significa necesariamente paz mental y emocional, por eso merecer no es solamente recibir, sino saber sostener y fluir, pues la fijación nunca debe estar en lo que tenemos, sino más bien en la mirada más profunda que podemos desarrollar sobre lo que realmente somos: una expresión más, una expresión bella y original de un gran universo amoroso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario