En medio de una cultura de consumo, diariamente escuchamos conceptos que más veces de las que quisiéramos comienzan a trasladarse a nuestra propia subjetividad, llegando a alterar incluso, la manera en que nos comprendemos a nosotros mismos. Expresiones como: "fast food", "flash sales", "cyber day", "descuentos por pocos días", "pago automático", etc. Instalan un ritmo sobre nuestro diario vivir que regularmente no coincide con la velocidad que requieren los procesos humanos. Al estar inmersos en un entorno que invita al consumo inmediato (ya sea física o virtualmente), inconscientemente empezamos a generar la expectativa de que todos nuestros deseos "deberían" cumplirse de forma rápida, instantánea, con la misma facilidad con la que, por ejemplo, podemos comprar algo a través de una aplicación o elegir una serie de tv. Con el transcurrir del tiempo, paulatinamente nos vamos entrenando en desconectarnos de nuestro ritmo vital, de nuestra propia capacidad para sentir, percibir el momento a momento de cada proceso, ya sea un duelo, un embarazo, conocer a alguien, elaborar un trauma, asimilar un cambio, etc. frente a tales realidades comenzamos a tratarnos como máquinas donde en ocasiones llegamos a maltratarnos o decepcionarnos de nosotros mismos cuando no obtenemos el estado interno que deseamos. Allí, es muy fácil que aparezca la excesiva frustración y también la ansiedad por querer ver "ya" ese resultado que queremos.
Hola, soy Barín Rama, es el nombre nativo que me dieron abuelos del pueblo amazónico Shipibo, de quienes he aprendido por varios años junto a su naturaleza. También soy psicóloga, magíster en psicología positiva, amante del desarrollo humano y el yoga. En este trayecto he ido construyendo mi perspectiva de sanación la cual comparto aquí con ustedes. "Raíz de Sentido" es un lugar para creer en uno mismo y en todos nosotros como los creadores esenciales de una mejor vida. Gracias por estar aquí.
miércoles, 7 de mayo de 2025
Una conexión coherente: La tarea de recuperar el ritmo y procesar humano.
viernes, 24 de enero de 2025
Rebeldía, autenticidad e individualidad: La dicha de ser uno mismo.
Muchos de nosotros hemos escuchado frases como: “Esa persona es extraña”, o “me gustaría ser más normal”, “es que siempre he sido raro”, etc. Pareciera que la normalidad es un lugar seguro, de sujetos predecibles, que están alineados con los patrones que sostienen la mayoría de las personas en un determinado entorno… pero ¿qué pasa cuando ese entorno no es saludable? ¿es bueno ser normal?. Independiente del contexto, aspirar a la normalidad es aspirar a una versión limitada de nosotros mismos, una que se ajusta a las convenciones sociales preestablecidas y que no necesariamente tienen un sentido personal para los individuos que las replican en el presente.
Si bien como humanidad tenemos muchos atributos que compartimos entre todos como especie, la maravilla de la creación nos muestra que no hay un individuo que sea exactamente igual a otro, ni física ni psicológicamente, siempre hay un elemento original en cada persona que resulta saludable que sea expresado de manera coherente y respetuosa consigo mismo y su entorno. Hay quienes se distinguen por su estilo, por sus facciones, por sus creencias, por sus comportamientos, etc. Cuando alguien inicia la travesía de explorarse a sí mismo: sus gustos, potencialidades, limitaciones, patrones, etc. inevitablemente llegará un momento en que desafiará “a la norma”. Tal vez comience a convertirse en una persona distinta a la que su entorno esperaba, quizás rompa una tendencia familiar, quizás sus decisiones difieran de la mayoría, o puede ser que se atreva a dar con total honestidad sus puntos de vista en vez de acomodarse para no inquietar.

Dentro de un marco saludable, tornarse rebelde, es condición necesaria para quienes buscan ser plenamente auténticos consigo mismos. Lo que puede traer importantes costos sociales como ganarse un manojo de juicios y críticas externas, pero quienes toman ese paso conscientemente, saben por qué lo están haciendo. Lo hacen por dignificarse a sí mismos, para honrar su camino interior, por desear coherencia para sí y para las generaciones venideras, por creer en un mundo sincero, humano y menos superficial o ligado a las apariencias. En su determinación por ser quien realmente son, no solo es liberador para ellos, sino que estimulan a que quienes les rodean, también se regalen a sí mismos la libertad de expresarse sin temor, dejando de alimentar a sus personajes y optando por nutrir a la persona que honestamente son (con sus luces y sombras). Es un acto de confianza y plenitud, donde pareciera que se puede perder mucho, pero sin duda se gana mucho más; la fuerza interna que cultivan esas personas que toman tal camino, comienza a crecer de manera proporcional a su satisfacción. Recuperan su independencia emocional, pues ya no persiguen la validación ajena ni a una imagen social específica que consagre su éxito. Priorizan su conexión interna, un estado de bienestar que no solo se ve, sino que principalmente se siente. Pues tales individuos saben que a eso vinieron: a sentir la dicha de ser una vida única, original y maravillosa, la dicha de estar plenamente vivos.
domingo, 30 de junio de 2024
El valor del esfuerzo: nuestra voluntad de crecer.
Aprender a esforzarnos por algo
resulta fundamental cuando aspiramos a mejorar día a día. Porque
es en el esfuerzo consciente, en el momento en que voluntariamente nos
colocamos en situaciones que sabemos que nos generarán incomodidad, donde
comienzan a desarrollarse nuevas conexiones cerebrales a través de las cuales redefinimos aquello que nos es "familiar", construyendo internamente una nueva perspectiva y
conducta desde la cual nos cultivamos a nosotros mismos, desde donde cultivamos
la persona que queremos ser.
Pero para lograr dicho
crecimiento tenemos que identificar en qué medida mi entorno me invita
excesivamente al hedonismo o a la comodidad, de manera que cualquier
sensación que aparezca en mi vida de incomodidad, me cause rechazo inmediato. Por ejemplo, puedo rechazar cocinar si he estado
usando excesivamente los deliverys, puedo rechazar el ejercicio y el movimiento
si mi vida es muy sedentaria, puedo rechazar un punto de vista diferente si he
estado muy encerrado en mi mismo/a, puedo rechazar tomar un nuevo desafío si
esto me pide reorganizar mi vida de una forma distinta a la que he estado
acostumbrada/o.
Para la doctora en psicología
Carol Dweck, el esfuerzo representa el camino a la maestría, es decir, el
esfuerzo es la vía a través de la cual nos perfeccionamos para el desarrollo que
deseamos. Para quienes operan desde una "mentalidad de crecimiento",
al ver que un determinado camino representa un esfuerzo personal, saben que allí está el
aprendizaje, y es en ese fruto conquistado de nuevas experiencias y
conocimientos, lo que permite avanzar hacia un nivel superior de
desarrollo, para lo cual es requisito en alguna medida, desafiar a la persona
que somos hoy. El esfuerzo entendido así, se transforma en nuestro capital natural de crecimiento.
Apreciar el esfuerzo que damos
día a día para mejorar(nos), permite valorarlo como una cualidad nutritiva, no
desde el sufrimiento ni del sacrificio, sino desde la expansión que diariamente
buscamos desenvolver en nosotros mismos, reconociendo que puedo llegar a más si
todos los días doy un poco más... como quienes intentan elongar un músculo y al
practicar permanentemente logran alargarlo paulatinamente. Abrazar nuestro
esfuerzo hace temblar a nuestras limitaciones, tantas veces autoimpuestas, pues
ya no nos identificamos con el "pobre de mí" o el "no puedo", sino con aquellas
posibilidades que sí tenemos y que podemos trabajar cada día poco a poco.
¿Buscas constantemente tú
crecimiento integral?
martes, 12 de diciembre de 2023
El Buen Merecimiento: El reconocimiento de nuestro Universo Amoroso
He leído en distintos espacios que "para recibir abundancia primero tienes que creer que lo mereces", y me pregunto cada vez que leo aquello, ¿de verdad es así?, ¿cómo se activa una creencia automáticamente?. Desde mi perspectiva, derrocar una creencia como aquellas llamadas "limitantes", e incorporar una nueva creencia del tipo "expansiva", requiere de un proceso que se desarrolla gracias a que nos es posible decidir transitar conscientemente por los distintos aspectos que sostienen nuestros pensamientos y/o conductas . Tal como si quisiéramos dinamitar una estructura grande y vieja, se requiere preparación, tiempo, cuidado, atención, pues no sería algo que sucedería a punta de repeticiones, sino más bien gracias a un concienzudo trabajo con el cual logramos localizar nuestros enganches conscientes e inconscientes que conectan y constituyen nuestra forma de ser; lo que muchas veces también es revelador y doloroso. Y allí quise entrar, a observarme para reconocer todo aquello que se mueve en mí cada vez que escucho la palabra merecimiento. Luego de meses, y diría también años, he llegado a ciertos puertos internos que quiero compartir.

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