¿Cuál es el propósito de mi vida? Es una pregunta fundamental para
reconocer el sentido que nos damos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea.
¿Cómo alcanzo dicho propósito? Dará
cuenta de aquella construcción que realizamos respecto a la persona que
queremos ser y el mundo que estamos cultivando. Responder con honestidad y
coherencia, es parte del proceso de autoconocimiento. Hay múltiples caminos, disciplinas y saberes, que expresan de diversas formas la importancia y maneras en que podemos conocernos mejor a nosotros mismos. Uno de los elementos reiterativos, tiene que ver con la atención, con la capacidad de atender mentalmente a lo que vamos siendo, cómo nos vamos guiando y la permanente interacción creadora con nuestro entorno y los otros. Esta atención, hay quienes la desarrollan en la meditación, en el arte, la oración, la actividad física, el trabajo con la tierra, o ritos que estimulen la contemplación y conexión con la vida que está adentro y fuera de mí.
Conocerse y re-conocerse a uno mismo, implica apreciar la manera en que estoy desenvolviéndome integralmente en el mundo, pero sobre todo, es también observar cómo mi crianza, mi educación, mi cultura, y mi historia de vida, estimulan mi desarrollo hacia patrones y objetivos que no necesariamente se relacionan con lo que yo quisiera realmente para mí… con lo que yo quisiera realmente de mí.
Es así, como el autoconocimiento no es sólo para aquellos que busquen comprenderse y crecer con plena consciencia de sí, sino que también es un ejercicio necesario para sentirnos libres y apropiados de nosotros mismos, cultivando la confianza, aprendiendo de la sabiduría de la vida que somos, agradeciendo con humildad lo que el reflejo externo nos muestra de nuestro mundo interno.
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