domingo, 1 de octubre de 2017

Alquimia, el Oro de la Sanación.

¿Cuán importante es saber alquimizar nuestras emociones, pensamientos y todo aquello negativo que podamos percibir en nuestro interior? Hoy nuestra cultura y sociedad nos estimulan constantemente a poner nuestra atención en cualquier sitio menos en nosotros mismos, siendo mejor todavía si nos enfocamos en lo que podríamos consumir próximamente; mas cuando tomamos el volante de nuestra voluntad para ejercer el hábito de mirarnos internamente, comenzamos a dar el primer paso de una vida saludable a través de la cual podamos verdaderamente crecer, cambiar y trascender.


En este lugar en el que aprendo a mirarme honestamente a mí misma/o, si es honesto y no ligado a la fantasía, es inevitable encontrarnos con elementos que nos provocan alegría y otros rechazo. Ahí, comienza el trabajo de integrarnos como personas, de crearnos a nosotros mismos, aprender a ser artesanos de nuestro propio ser… ¿Cuán importante es saber alquimizar nuestras emociones, pensamientos y todo aquello negativo que podamos percibir en nuestro interior? Crucial. La alquimia, como el arte que transforma el plomo en oro, es el proceso esencial para construir una vida con significado, para sentirnos plenos y agradecidos, estando más contentos por quienes somos que por lo que tenemos.
De seguro ya muchos realizan este proceso alquímico sin necesidad de nombrarlo. Creo que lo importante es tener en cuenta aquellas actitudes que llevan nuestra vida hacia el oro, tales como: perdonar, empatizar, ser humildes, pacientes, optimistas, perseverantes, etc. La base es un principio muy antiguo, repetido de diferentes formas por distintos maestros y líderes espirituales: ver  “al otro como a mí mismo”, ¿qué pasa si en todo lo que me molesta estoy yo ahí?, ¿cómo me gustaría que me trataran? y aquí es fundamental haber desarrollado una cuota equilibrada de amor propio porque si no sabemos amarnos, entendernos y  acompañarnos a nosotros mismos, tampoco sabremos hacerlo adecuadamente a otros.
Aprender a ser nuestro propio catalizador/a nos mantiene conectado a la vida. Buscar la adaptación más que la acomodación nos convierte en personas flexibles, livianas y resilientes. Crear conscientemente el hábito de identificación y transmutación de lo negativo, generará un impacto positivo en muchos aspectos de nuestra vida: relaciones con otros, desarrollo profesional, logro de proyectos personales, etc. Mas para que esto sea efectivo debe haber un sentido de responsabilidad claro sobre la propia vida. No es posible transmutar si nos vemos como víctima de nuestras circunstancias, donde culpo a distintos actores y/o factores externos a mí sobre “las cosas buenas y malas que me pasan”. Si la vida es injusta, si la sociedad está mal, si mis padres no desempeñaron bien su rol o he pasado por eventos traumáticos, no son justificaciones para dejar de hacernos cargo de nosotros mismas/os. La alquimia es para quien se ve como arquitecto de sí, para quien no se abandona, para el que comprende que nada de afuera puede remplazar a lo que necesitamos internamente.
El arte de transformarnos a nosotros mismos, tal vez no es otra cosa más que el arte de vivir, de entender los procesos vitales y mantener el ideal del oro que es crear una vida desde y para el amor.

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