miércoles, 18 de octubre de 2017

Observar & Elegir

Reconocer que yo soy quien elijo ser cada día, momento a momento, no es algo menor. Desarrollar el amor propio necesario para sostenerme consecutivamente en el presente, es sin duda uno de los elementos esenciales para alcanzar la madurez; y no me refiero a la madurez física, esa que es inevitable por mucho que tratemos de taparla con pinturas, ropas u operaciones, me refiero a la madurez de la calma, la del silencio interno, del equilibrio, de la alegría y gratitud constante hacia la vida, sin caer en la idealización o manía. Para ser conscientemente esa persona que elije, requiero un mínimo de instrospección, un esfuerzo determinado de auto(re)conocimiento como creador/a de mi realidad. Y para posicionarme en este lugar, es necesario aprender a observar nuestra mente… ¿de dónde nace cada “me gusta” o cada “quisiera”?

En la meditación se habla de ser “testigos” de nosotros mismos, desde las culturas que he estudiado o he habitado, los nombres y conceptos van cambiando, pero el ejercicio a realizar (desde mi punto de vista) es siempre el mismo: observar y elegir como dos acciones continuas. No por nada desde la Fenomenología se habla de que no vemos las cosas cómo son, sino más bien cómo somos. Por ello es fundamental observarme, aprender a reconocer un espacio más profundo en mí que puede silenciarse ante mí mismo/a para ser testigo del creador/a que soy. Ahí es donde aparecen tantas posibilidades de caminos espirituales como el yoga, rituales, terapias, etc. que intentan ayudarnos a reconectarnos con ese espacio donde nuestra percepción se amplifica y logramos superar los juicios e ideas preconcebidas para hacernos plenamente responsables y amorosos con nosotros mismos, y así poder darle un curso realmente propio a nuestra vida.

Y poco a poco va cambiando nuestra relación con los otros y nuestro entorno, nos volvemos menos reactivos y mucho más activos, cambiamos la distracción por la concentración, la victimización por la apropiación, el rechazo por la aceptación, el conformismo por la superación. ¿Cuántas ideas pueden pasar en un solo día en nuestra mente? Algunos especialistas explican que para ser felices es necesario aprender a no ser “seducidos” por todos nuestros pensamientos, que el dominio de la mente es imprescindible para una vida satisfactoria. Desde ciertas orientaciones se compara la mente con un animal, un elefante o un buey por ejemplo, con el cual partimos primero tratando de seguir desesperadamente o siendo arrastrado por ellos sin ningún manejo de la situación, para que luego en forma progresiva logremos domarlo,  llegando incluso a poder sentarnos sobre este animal de gran tamaño y con los ojos cerrados hacer que este vaya según lo que nosotros direccionamos.

En cada palabra que escribo y digo no pretendo dar un consejo desde ningún lugar de conocimiento, solo recuerdo y me recuerdo el camino que quiero llevar, que puede nombrarse como un camino de salud, de amor, de claridad, pero que distintas personas desde diferentes espacios de vida nos muestran, y yo aquí uno y archivo lo que desde mi prisma puedo y quiero rescatar.

Si tomamos el caso de Chile, por ejemplo, es el país latinoamericano con mayor índice de obesidad, depresión y alcoholismo, y son estos síntomas los que no son coherentes de esconder detrás de una fachada de exitismo. Son estos síntomas los que reflejan la lejanía hacia nuestra propia humanidad, lo enajenado que podemos estar bajo un sistema alienante. Podemos partir por observarnos un poco más, practicar esa observación silente desde la cual solo me reconozco, no para criticarme ni para adularme, sino para acompañarme, sostenerme y guiarme con sabiduría y amor.  

domingo, 1 de octubre de 2017

Alquimia, el Oro de la Sanación.

¿Cuán importante es saber alquimizar nuestras emociones, pensamientos y todo aquello negativo que podamos percibir en nuestro interior? Hoy nuestra cultura y sociedad nos estimulan constantemente a poner nuestra atención en cualquier sitio menos en nosotros mismos, siendo mejor todavía si nos enfocamos en lo que podríamos consumir próximamente; mas cuando tomamos el volante de nuestra voluntad para ejercer el hábito de mirarnos internamente, comenzamos a dar el primer paso de una vida saludable a través de la cual podamos verdaderamente crecer, cambiar y trascender.


En este lugar en el que aprendo a mirarme honestamente a mí misma/o, si es honesto y no ligado a la fantasía, es inevitable encontrarnos con elementos que nos provocan alegría y otros rechazo. Ahí, comienza el trabajo de integrarnos como personas, de crearnos a nosotros mismos, aprender a ser artesanos de nuestro propio ser… ¿Cuán importante es saber alquimizar nuestras emociones, pensamientos y todo aquello negativo que podamos percibir en nuestro interior? Crucial. La alquimia, como el arte que transforma el plomo en oro, es el proceso esencial para construir una vida con significado, para sentirnos plenos y agradecidos, estando más contentos por quienes somos que por lo que tenemos.
De seguro ya muchos realizan este proceso alquímico sin necesidad de nombrarlo. Creo que lo importante es tener en cuenta aquellas actitudes que llevan nuestra vida hacia el oro, tales como: perdonar, empatizar, ser humildes, pacientes, optimistas, perseverantes, etc. La base es un principio muy antiguo, repetido de diferentes formas por distintos maestros y líderes espirituales: ver  “al otro como a mí mismo”, ¿qué pasa si en todo lo que me molesta estoy yo ahí?, ¿cómo me gustaría que me trataran? y aquí es fundamental haber desarrollado una cuota equilibrada de amor propio porque si no sabemos amarnos, entendernos y  acompañarnos a nosotros mismos, tampoco sabremos hacerlo adecuadamente a otros.
Aprender a ser nuestro propio catalizador/a nos mantiene conectado a la vida. Buscar la adaptación más que la acomodación nos convierte en personas flexibles, livianas y resilientes. Crear conscientemente el hábito de identificación y transmutación de lo negativo, generará un impacto positivo en muchos aspectos de nuestra vida: relaciones con otros, desarrollo profesional, logro de proyectos personales, etc. Mas para que esto sea efectivo debe haber un sentido de responsabilidad claro sobre la propia vida. No es posible transmutar si nos vemos como víctima de nuestras circunstancias, donde culpo a distintos actores y/o factores externos a mí sobre “las cosas buenas y malas que me pasan”. Si la vida es injusta, si la sociedad está mal, si mis padres no desempeñaron bien su rol o he pasado por eventos traumáticos, no son justificaciones para dejar de hacernos cargo de nosotros mismas/os. La alquimia es para quien se ve como arquitecto de sí, para quien no se abandona, para el que comprende que nada de afuera puede remplazar a lo que necesitamos internamente.
El arte de transformarnos a nosotros mismos, tal vez no es otra cosa más que el arte de vivir, de entender los procesos vitales y mantener el ideal del oro que es crear una vida desde y para el amor.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Persona Comunitaria

Este es mi sueño: aprender, aprender, aprender, todo lo que necesito, tanto como pueda, para poder aportar a la formación de personas comunitarias. La verdad, no sé si existe formalmente este término, pero yo creo en él. Y creo no solamente como un ideal romántico, sino también como una necesidad concreta hacia donde nos guían todas nuestras dimensiones de desarrollo humano: mental, emocional, moral, espiritual, inclusive física. Lawrence Kohlberg, por ejemplo, al describir los estadios de desarrollo de la moral humana, relata que en última instancia el individuo es capaz de alcanzar una perspectiva universalista en cuanto a su concepción de justicia, basándose en la igualdad de los derechos humanos y el respeto por la dignidad de las personas como individuo, valorándolas como fines en sí mismas. Esta percepción de la moral es autoescogida y está por encima de cualquier mandato institucional, estructura social o creencia cultural. Su obediencia a las leyes se da en la medida en que éstas concuerden con una noción de justicia universalista (Barra, 1987). Asimismo, James Fowler, cuando apela a la fase final del desarrollo espiritual, también llama a los individuos que alcanzan dicha etapa “universalistas”, caracterizándolos por su espíritu de comunidad humana inclusiva y realizada, extendiendo su percepción de comunidad hacia lo universal, donde la particularidad se reconoce como un vehículo de ello. Este tipo de personas, se aprecian en su compañerismo presente en todas sus relaciones independiente de las diferencias que pueda tener con los otros, y de igual manera resultan ser subversivos a las estructuras sociales (González, s/a). En cuanto al desarrollo cognitivo, poco a poco se complejizan nuestros procesos mentales, incentivando el alcance de mayores niveles de abstracción, lo que posibilita un mejor reconocimiento de  la interrelación y unidad en la diversidad de lo humano. Y esta misma unidad, desde lo afectivo, se experimenta en la contención que se brinda desde el nacimiento para ir lentamente posicionándonos y reconociéndonos como individuos, lo que se desarrolla desde la experimentación de confianza hasta la articulación de nuestra identidad, para pasar después a etapas de mayor intimidad con otro, y culminar con la entrega de lo recibido hacia las futuras generaciones. Es así como se van ampliando nuestras relaciones significativas, desde la madre, a los padres, los amigos, la pareja, la familia hasta llegar a la humanidad. (Boeree, s/a).

Ahora, lo que resulta tan coherente desde lo formal, ¿por qué cuesta tanto apreciarlo en el día a día? Creo que el aprendizaje fundamental tiene ver con nuestra capacidad de amar, como dirían autores como Enrique Barrios, de “ser amor”, y a veces rechazamos esta simple idea restándole valor por “a, b, c” motivo para desacreditar esta REAL posibilidad. Conectarse con el ser en vez del parecer, darme el tiempo para reconocer honestamente cuáles son mis propias resistencias para vivir permanentemente desde el amor. Quizás se podría hablar de una “persona universalista” lo que no estaría mal tampoco, pero desde mi experiencia en diferentes comunidades, creo que a nivel de vinculación, entendernos como una gran comunidad, genera mayor cercanía. Este concepto a nivel académico ha ido trascendiendo su limitación física cuando se puntualiza en la creación de comunidad desde el espacio abstracto donde las personas plasman sus afectos y significados, hasta llegar al punto en que los aspectos que más se distinguen hoy dentro de una comunidad, refieren a elementos subjetivos que remiten sobre aquello que pueden compartir los individuos: relaciones, valoraciones, representaciones, etc. (Krausse, 2001).

El reconocimiento de la comunidad de la que todos formamos parte, se percibe como el proceso vital hacia el que cada uno puede evolucionar. En éste, la influencia de nuestra formación y cultura es fundamental para abrirnos o cerrarnos a dicho estado del ser. El conjunto de creencias y prácticas que sostiene nuestro alrededor donde crecemos, puede tender o no hacia la inclusión e integración comunitaria. Valorar la cualidad y calidad de nuestros vínculos, estimula el fortalecimiento de una perspectiva comunitaria trascendente al ir más allá de las diferencias entre nuestras estructuras de vida ya sea individual o colectiva. Apreciar a cada quién como representante de la complejidad que somos todos, incita al trato justo, igualitario y digno que resulta necesario para la creación de la armonía social.


Referencias
Barra, A. (1987). El Desarrollo Moral: Una Introducción a la Teoría de Kohlberg. Revista Latinoamericana de Psicología. Vol. 19. Pág. 7-18. Fundación Universitaria Kohrad Lorenz. Bogotá, Colombia.
Boeree, G. (s/a). Teorías de la Personalidad Erik Erikson. Traducción Rafael Gautier. Departamento de Psicología. Universidad de Shippensburg. Pensilvania. Estados Unidos
González, R. (s/a). Desarrollo Espiritual, Síntesis de la Teoría de James Fowler. Universidad Diego Portales. Santiago de Chile. 
Krausse, M. (2001). Hacia una Redefinición del Concepto de Comunidad, Cuatro ejes para un análisis crítico y una Propuesta. Revista Psicología Universidad de Chile. Santiago de Chile. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Me pertenezco

Por largo tiempo he creído que el sentido de pertenencia es uno de los sentimientos más potentes que poseemos como personas, tal vez como especie. Por muchos años se han realizado diferentes experimentos (como por ejemplo el clásico del ascensor: https://www.youtube.com/watch?v=BgRoiTWkBHU) donde vemos con qué facilidad pareciera que necesitamos dejarnos llevar por los demás. Creo que este sentido de pertenencia calzó muy bien con la cultura de consumo, donde surge la posibilidad de “sentirse bien” en la medida que adquirimos más accesos como ir a un buen restaurante, a un determinado lugar de vacaciones, comprar un auto del año, etc. donde la ambiciosa comodidad se muestra como un sinónimo de bienestar, y a veces justamente son esos espacios de consumo los que determinan a diferentes grupos sociales al identificarse ya sea en relación positiva o contraria a la cultura imperante; pero también está la pertenencia a una familia, a un grupo de amigos, a un estilo de vida, etc. Sin embargo, había olvidado de dónde nace esta tan naturalizada necesidad de pertenecer a un grupo ya sea por lo que pensamos, lo que hacemos o lo que tenemos, etc. El psicólogo Dyer esta vez me lo recordó, es nuestra falta de confianza, ese piso vital para la existencia. Hemos vivido en una sociedad que se ha esforzado para que no confiemos en nosotros mismos sino más bien nos estandaricemos casi íntegramente a un grupo o forma de ser socialmente “exitosa” o “correcta” o simplemente categorizada. El costo de ello como decía El Principito: es invisible a los ojos. En algunos casos hemos preferido ignorar nuestras insatisfacciones internas hasta que se convierten en una enfermedad o evento sorpresivo como una ruptura amorosa, un accidente, conflictos recurrentes, etc. El punto clave es volver a recuperar nuestra confianza, ese amor vital desde el cual aprendemos a movernos sin necesitar la aprobación, validez, y/o afecto de otro, y con ello no quiere decir que no lo disfrutemos si esto aparece, sino que no representaría el eje a través del cual direccionamos nuestra vida, a través del cual nos direccionamos a nosotros mismos.   

Comencé a entender que cultivar la confianza en estos días es un desafío tan significativo como sería dejar el cigarrillo para un fumador; el vicio en este caso, es la aprobación externa: una nota, un aplauso, un título, un halago, etc. Al parecer es esta nuestra mayor adicción, y bueno también está la de querer responsabilizar a cualquier otra persona o situación menos a nosotros mismos por cómo nos encontramos en nuestra vida actual. Cambiar un hábito alimenticio o integrar un nuevo hábito como una rutina deportiva por ejemplo, es un proceso lento, en algunos casos puede tardar años, pero sin importar cuánto demore, creo que sin duda es lo más relevante que podemos hacer por nosotros mismos y por las futuras generaciones. Aprender a amarme, a validarme, acompañarme, a darme apoyo, crearía una vida emocional autosustentable. Aprender a pensar por mí misma/o, a generar ideas y visiones propias y creer en ellas, probablemente traiga nuevos conflictos pero también un sentido de pertenencia mucho más hondo que repetir el ritmo hipnótico de algunas ideas colectivas. Para mí, ahí está la escuela de la vida, en el ejercicio de esta autonomía, la que da cabida a la diversidad, a la integración y dialogo enriquecedor. La valentía y el amor van juntos de la mano, amarse fuertemente a uno mismo es un acto de mucho coraje, ese coraje que embellece a nuestras propias vidas.

"Esto ante todo: sé fiel y verdadero a tu ser interior; 
Y sucederá, como la noche sucede al día, 
Que no podrás mostrarte falso con hombre alguno"

Hamlet