viernes, 15 de diciembre de 2017

El Arte de la Soledad

Constantemente apelo a la cultura de mercado como uno de los fundamentos principales por lo cual se desarrolla un estilo de vida disarmónico, generando diversos síntomas a nivel individual y social como producto de este sistema cultural, tales como: depresión, obesidad, alcoholismo, ansiedad, angustia, etc.

En la medida en que nos comprendemos como creadores de nuestra cultura y no como reproductores, podemos mover paradigmáticamente nuestra vida hacia la salud. Los cambios se pueden generar y se están generando desde diversas dimensiones, más creo que un pilar importante es la promoción del autoconocimiento. Vivimos constantemente híper-estimulados por tecnologías y el mismo consumo, junto a toda una visión "exitista" que nos incentiva a buscar en lo externo aquello que debe ser desarrollado internamente. Desde aquí, aprender a estar solos sin caer en el individualismo, parece algo extraño, complejo, frente a lo cual muchas personas lo asocian a estados negativos como: tristeza, desolación, aburrimiento, etc. siendo absolutamente imprescindible si queremos vivir despiertos, atentos a los auto-hipnotismos e hipnotismos sociales.

Por eso creo que es un arte, un proceso, un camino, una forma dinámica que se lleva a cabo rítmicamente cuyo propósito es la reconexión con uno mismo. Hay quienes dirán que siempre estamos conectados con nosotros mismos… ojalá fuera así, la cultura sería otra, mas el ruido a veces suele ser tan potente que olvidamos la existencia de nuestro silencio interno, y de toda la calma, amor, paciencia, claridad que emerge de él. Estar solos es vivir la experiencia de mirarse directamente en el espejo, ese espejo que representan todas las sensaciones, pensamientos, sentimientos, molestias físicas, etc. que puedo ver claramente cuando me focalizo en lo que sucede en mí… verdaderamente. Sin internet, sin televisor, sin música, sin celular, sin gente, tratando de traer la mente al presente, observándome en lo que voy siendo en este momento. Mirarnos internamente puede activar en nosotros nuestros mejores mecanismos de rechazo y/o evasión, a menos que practiquemos, a menos que lo hagamos una constante.

Este arte es a la vez una escuela, donde la materia de estudio soy yo misma/o, y en la medida en que aprendo puedo verme claramente, lo que consecuentemente me permite ver a los otros y mi realidad con la misma claridad. El peligro de no hacer esto, es no hacernos cargo de nuestras proyecciones, abandonarnos de tal manera que obligamos a nuestro organismo psíquico, físico y emocional a exteriorizar nuestros estados no procesados, y podrá venir una pastilla, un vaso de alcohol, un cigarrillo, o comida, incluso una relación, pero nada nos quitará del frente el trabajo que nos corresponde realizar a nosotros mismos y para nosotros mismos.

Literalmente, hay un universo en nuestro interior, lleno de incertidumbres y deseando expresarse, vivirse a sí mismo con total libertad. Tal vez necesitemos atravesar capas de dolores acumulados, desatar múltiples nudos de confusiones creadas, reconocer la autenticidad de todo aquello que emerge de nosotros… es sin duda un trabajo largo y profundo, que necesita de un amor firme para poder llevarnos a recorrer el camino hacia nuestro único ser. Frases como “ama al otro como a ti mismo” o “conócete a ti mismo y conocerás a Dios”… marcaron el punto de partida para un mundo unificado, y el primer paso es nuestro mundo interno.



"Cada vez parece más difícil aceptar los parajes solitarios que llevan a la autorealización. El arte de la individuación, convertirse en el único yo-mismo es (como su nombre lo indica) una experiencia intensamente personal y a veces muy solitaria. Nos es un fenómeno de grupo, comporta la difícil labor de desaprender la propia identidad de la masa de la humanidad. Para descubrir quienes somos, tenemos que extraer finalmente aquellas partes de nosotros mismos que hemos proyectado en otros, aprendiendo a encontrar en el fondo de nuestra psique las fuerzas y carencias que habíamos visto previamente solo en otros. Estos reconocimientos se facilitarán si podemos retirarnos de la sociedad por breves períodos y aprender a dar la bienvenida a la soledad"
Sallie Nichols. 
Jung y el Tarot

sábado, 2 de diciembre de 2017

Individualismo y la relación materna.

Lo contrario de una persona comunitaria, es una individualista. Es este tipo de persona la que nuestra cultura de mercado resalta valorando dicho rasgo como un elemento indispensable para el mundo de hoy en día. La visión capitalista requiere de un mundo dividido, de desigualdades notorias entre quienes tienen de más y quienes tienen menos. Desde este sistema de vida, para que exista un rico debe existir un pobre.Y para mí, existe un sinfín de razones por las que no puedo apoyar este aspecto en nosotros mismos, trataré de señalarlos brevemente:
  • Genera competencia/rivalidad en vez de cooperación/fraternidad, ya que al acentuar el foco exclusivamente sobre -mí-, el otro pasa a ser una alteración sobre "mis maneras de ser". Es decir, significa al otro como una amenaza o peligro para lo que yo creo que soy o quiero tener.
  • Nos vuelve humanamente torpes, ya que nuestra mentalidad se valida sobre sí misma y dejamos de reconocer que hay otros pensamientos, miradas, sentimientos, perdiendo poco a poco las capacidades para relacionarnos con esa diversidad, tales como la empatía, la escucha atenta al otro, la reciprocidad, etc. 
  •  Va de la mano con la superficialidad. Al ponernos a nosotros mismos como centro vital, bloqueamos todo lo que está fuera de nosotros para que no perturbe nuestra interioridad. Mantenemos entonces un contacto superfluo donde el alcohol, las drogas y las redes virtuales calzan perfectamente, ya que a mayor abstracción menor implicancia personal.
  • Nos desconecta de la vida. Al acrecentar exageradamente nuestra “importancia personal” vamos perdiendo nuestras facultades para relacionarnos positivamente con nuestro entorno, tales como: la flexibilidad, la confianza, la humildad, etc.  
  • Nos aisla. Una cultura que exalta el individualismo genera a su vez los mayores índices de suicidio. Pues esa preocupación personal que en un momento pudo sentirse muy bien, prontamente se transforma en una sensación de vacío profundo frente al cual sino reaccionamos debido a nuestra propia torpeza, podemos llegar a desconocer cómo salir de ahí.
    Ahora bien, más que articular una visión crítica de nuestro sistema de vida, considero pertinente desarrollar una mirada comprensiva, un foco a través del cual podamos reconocer por qué si somos seres humanos con capacidades sensibles y conscientes nos hemos puesto en esta realidad cultural. Aquí vino a mi mente la figura de -La Emperatriz- del Tarot. Al tomarlo como un símbolo arquetípico, en este arcano hay múltiples virtudes que a nuestra cultura nos hace falta, tales como: generosidad, visión de proceso, contención, acogida, sabiduría, creatividad, cuidado, cuerpo, ritmo, etc. Son justamente los elementos a los cuales el patriarcado no responde, pero que sin ellos se genera un desequilibrio que nos podría llevar a la autodestrucción. La madre es quien genera el sentimiento de unidad, quien fue desde el útero todo nuestro universo, quien nos dio calor y alimento, quien nos recuerda desde su presencia que somos amados. Desde ese amor y sabiduría podrá equilibrarse el excesivo ego patriarcal, ese ego que nos desconecta entre nosotros como seres semejantes, y con el todo como parte de un mismo ecosistema.
     
    Sanar la figura de la madre parece cada vez más fundamental, y en algunos casos tremendamente difícil, pues no todas las madres se han desarrollado desde su lado positivo; sin embargo esto no puede frenar el proceso de autosanación y sanación colectiva que como cultura estamos necesitando. Será necesario entonces partir de a poco, partir desde uno mismo, aprender a ser nuestra propia madre, para contenernos, para escucharnos sensiblemente, para observarnos con dulzura, para darnos paciencia, para aprender a cuidarnos, y en este ejercicio de valoración sobre la vida que somos, nos reconoceremos en la unidad que nos posibilita. 




Las tecnologías actuales proponen la exhibición autobiográfica del individuo. 
Por ende, podemos decir que la ciudad contemporánea es la ciudad en la que los individuos se consumen a sí mismos a través de la tecnología.
Ossa Swears, Carlos (2016) “Sobrepoblación audiovisual”.
Material del curso "Arte y Espacio Público",
UAbierta, Universidad de Chile.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Ego & Ser

A través de mi propio proceso de sanación y del acompañamiento que he podido realizar a otros procesos, puedo reconocer que no hay motor más fuerte que una clara voluntad. Desde el mundo nativo e inclusive desde espacios arquetípicos como el Tarot, se plantea la importancia de tomar decisiones claras, pues será nuestra determinación la que permita la consecución de nuestros objetivos anhelados, y lo que define certeramente el tipo de persona que somos. Desde este punto, quiero explicar mi visión sobre el ego humano y cómo tenemos la posibilidad de desarrollarnos desde ahí o desde un espacio interno absolutamente distinto que es el ser. Yo no soy la primera en decir esto, mi visión la he ido construyendo a través de mi camino, y la he ordenado de una manera en que creo que ayuda a entender y potenciar nuestro crecimiento como seres humanos.

Existen muchas definiciones de ego, para mí el ego representa la imagen que tenemos sobre nosotros mismos: cómo yo me veo, qué pienso acerca de lo que soy, con qué cosas me identifico, qué expectativas tengo sobre mi, mi realidad y los otros. Para estas preguntas hay respuestas conscientes e inconscientes, un ego saludable se obtiene en la medida en que somos lo bastante conscientes y flexibles respecto a las ideas que tenemos sobre nosotros mismos, cuando conocemos nuestro punto de equilibro en el que sabemos valorar y desapegarnos de aquello que nos representa. 

Sin embargo, para llegar a ello, es fundamental conectarse con el vacío interno, ese espacio silente, el lugar previo a todas las ideas, observador de quienes vamos siendo. En esta experiencia somos capaces de dejar de lado a esa persona que creemos ser para simplemente ser. ¿Y cómo reconocer desde dónde me estoy moviendo? No es tan difícil...



Cuando nos ponemos egocéntricos nos aferramos férreamente a la imagen que tenemos de nosotros mismos, una imagen que podemos tenerle mucho cariño y tal vez sobrevaloración por el tiempo que hemos tardado en construirla. Pero es excesivo, entonces las situaciones se viven como una amenaza a "quien soy yo", aparecen las ganas de controlar, de ser posesivos o celosos. Se vive desde una limitación de lo que quiero que este dentro y fuera de mí, de lo que quiero para mí y como yo quiero. Nacen los juicios y categorías, la imagen que tenemos de nosotros actúa como un personaje que al ser excesivo se rigidiza en sus formas de percibir la realidad, por ello aparecen múltiples defensas para protegerme de eso que a veces no entiendo, que puede ser muy diferente a mí y lo que yo pienso, pues mi formato de mundo ya está lo bastante estructurado como para que venga la vida y lo mueva sorpresivamente. Si vivimos desde ahí, nuestros amigos serán quienes nos halagan o quienes tienen un ego más fuerte, aquí calzan bien las relaciones y/o conversaciones estereotipadas, predecibles, donde acariciamos la imagen del otro y el otro acaricia nuestra imagen, donde criticamos la imagen del otro y el otro critica nuestra imagen. Bajo este paragua de "este soy yo" para mantener ese yo, debo cumplir ciertas conductas que me autoimpongo, reitero que en la medida que es saludable soy capaz de verme en este ejercicio y flexibilizarme cuando sea necesario, pero comenzamos a enfermarnos cuando ya vivimos exclusivmamente por y para esa idea de lo que creo ser, entonces no conozco el presente, sino que me rijo por la idea pasada de lo que creo ser, y la fantasía futura de quien quiero ser, es como vivir en un diálogo de imágenes/proyecciones mentales.

Sanarnos de verdad implica mucha consciencia, mucho despertar sobre nosotros mismos y nuestra realidad, y también mucho amor para que cada cosa que veamos podamos integrarla, abrazar el aprendizaje y salir agradecidos frente a cada momento de la vida. Y en este espacio de mayor atención podemos reconocer que vivimos constantemente en la incertidumbre, permitiéndonos soltar nuestro deseo de control. Más que aferrarnos a nuestra imagen o a nuestras creencias, aprendemos aferrarnos a la vida misma, a lo que va siendo instante a instante, y en ello aprendemos a confiar, con la misma confianza con la que un niño llega al mundo. Aparece la sorpresa, la novedad, la creatividad, porque no estamos interesados en atrapar la realidad con nuestro limitado pensamiento, sino que aprendemos a reconocernos humanos, en una vida mucho más amplia que no podemos encerrarla en nuestras ideas por muy elaboradas que sean. Frente a este asombro cotidiano, emerge la gratitud, la claridad sobre la propia responsabilidad y también el perdón, pues si nos centramos en cómo estamos siendo en este presente, nuestro propio anhelo de bienestar incentivará rápidamente actitudes y valores que nos ayuden a estar plenamente presentes en este "aquí y ahora"... nos sorprendemos entonces de nosotros mismos. Y desde el ser, cada juicio y categoría se logran percibir notoriamente cómo nos van cerrando, cómo los pensamientos se pueden convertir en una jaula desactualizada donde nos metemos a nosotros mismos. 

En este proceso de autosanación, al vivirlo conscientemente, creo que es casi inmediata la conexión que podemos llegar a sentir con los otros, pues el mayor daño que nos hacemos a nosotros mismos es esclavizarnos voluntariamente a nuestro propio ego a cambio de ilusiones.



"La ética, al igual que la felicidad, es incompatible con las emociones destructivas, y debe ser enriquecida por el amor, la compasión y las demás cualidades que reflejan la naturaleza profunda de nuestra mente. Uno de los significado de la palabra virtud es "coraje", "valentía". En este caso, se trata de valentía y el coraje en la lucha contra las emociones destructivas engendradas por el egocentrismo y la necesidad de desembarazarse del sentimiento de la importancia de uno mismo, de la ilusión del ego"
Matthieu Ricard

miércoles, 18 de octubre de 2017

Observar & Elegir

Reconocer que yo soy quien elijo ser cada día, momento a momento, no es algo menor. Desarrollar el amor propio necesario para sostenerme consecutivamente en el presente, es sin duda uno de los elementos esenciales para alcanzar la madurez; y no me refiero a la madurez física, esa que es inevitable por mucho que tratemos de taparla con pinturas, ropas u operaciones, me refiero a la madurez de la calma, la del silencio interno, del equilibrio, de la alegría y gratitud constante hacia la vida, sin caer en la idealización o manía. Para ser conscientemente esa persona que elije, requiero un mínimo de instrospección, un esfuerzo determinado de auto(re)conocimiento como creador/a de mi realidad. Y para posicionarme en este lugar, es necesario aprender a observar nuestra mente… ¿de dónde nace cada “me gusta” o cada “quisiera”?

En la meditación se habla de ser “testigos” de nosotros mismos, desde las culturas que he estudiado o he habitado, los nombres y conceptos van cambiando, pero el ejercicio a realizar (desde mi punto de vista) es siempre el mismo: observar y elegir como dos acciones continuas. No por nada desde la Fenomenología se habla de que no vemos las cosas cómo son, sino más bien cómo somos. Por ello es fundamental observarme, aprender a reconocer un espacio más profundo en mí que puede silenciarse ante mí mismo/a para ser testigo del creador/a que soy. Ahí es donde aparecen tantas posibilidades de caminos espirituales como el yoga, rituales, terapias, etc. que intentan ayudarnos a reconectarnos con ese espacio donde nuestra percepción se amplifica y logramos superar los juicios e ideas preconcebidas para hacernos plenamente responsables y amorosos con nosotros mismos, y así poder darle un curso realmente propio a nuestra vida.

Y poco a poco va cambiando nuestra relación con los otros y nuestro entorno, nos volvemos menos reactivos y mucho más activos, cambiamos la distracción por la concentración, la victimización por la apropiación, el rechazo por la aceptación, el conformismo por la superación. ¿Cuántas ideas pueden pasar en un solo día en nuestra mente? Algunos especialistas explican que para ser felices es necesario aprender a no ser “seducidos” por todos nuestros pensamientos, que el dominio de la mente es imprescindible para una vida satisfactoria. Desde ciertas orientaciones se compara la mente con un animal, un elefante o un buey por ejemplo, con el cual partimos primero tratando de seguir desesperadamente o siendo arrastrado por ellos sin ningún manejo de la situación, para que luego en forma progresiva logremos domarlo,  llegando incluso a poder sentarnos sobre este animal de gran tamaño y con los ojos cerrados hacer que este vaya según lo que nosotros direccionamos.

En cada palabra que escribo y digo no pretendo dar un consejo desde ningún lugar de conocimiento, solo recuerdo y me recuerdo el camino que quiero llevar, que puede nombrarse como un camino de salud, de amor, de claridad, pero que distintas personas desde diferentes espacios de vida nos muestran, y yo aquí uno y archivo lo que desde mi prisma puedo y quiero rescatar.

Si tomamos el caso de Chile, por ejemplo, es el país latinoamericano con mayor índice de obesidad, depresión y alcoholismo, y son estos síntomas los que no son coherentes de esconder detrás de una fachada de exitismo. Son estos síntomas los que reflejan la lejanía hacia nuestra propia humanidad, lo enajenado que podemos estar bajo un sistema alienante. Podemos partir por observarnos un poco más, practicar esa observación silente desde la cual solo me reconozco, no para criticarme ni para adularme, sino para acompañarme, sostenerme y guiarme con sabiduría y amor.  

domingo, 1 de octubre de 2017

Alquimia, el Oro de la Sanación.

¿Cuán importante es saber alquimizar nuestras emociones, pensamientos y todo aquello negativo que podamos percibir en nuestro interior? Hoy nuestra cultura y sociedad nos estimulan constantemente a poner nuestra atención en cualquier sitio menos en nosotros mismos, siendo mejor todavía si nos enfocamos en lo que podríamos consumir próximamente; mas cuando tomamos el volante de nuestra voluntad para ejercer el hábito de mirarnos internamente, comenzamos a dar el primer paso de una vida saludable a través de la cual podamos verdaderamente crecer, cambiar y trascender.


En este lugar en el que aprendo a mirarme honestamente a mí misma/o, si es honesto y no ligado a la fantasía, es inevitable encontrarnos con elementos que nos provocan alegría y otros rechazo. Ahí, comienza el trabajo de integrarnos como personas, de crearnos a nosotros mismos, aprender a ser artesanos de nuestro propio ser… ¿Cuán importante es saber alquimizar nuestras emociones, pensamientos y todo aquello negativo que podamos percibir en nuestro interior? Crucial. La alquimia, como el arte que transforma el plomo en oro, es el proceso esencial para construir una vida con significado, para sentirnos plenos y agradecidos, estando más contentos por quienes somos que por lo que tenemos.
De seguro ya muchos realizan este proceso alquímico sin necesidad de nombrarlo. Creo que lo importante es tener en cuenta aquellas actitudes que llevan nuestra vida hacia el oro, tales como: perdonar, empatizar, ser humildes, pacientes, optimistas, perseverantes, etc. La base es un principio muy antiguo, repetido de diferentes formas por distintos maestros y líderes espirituales: ver  “al otro como a mí mismo”, ¿qué pasa si en todo lo que me molesta estoy yo ahí?, ¿cómo me gustaría que me trataran? y aquí es fundamental haber desarrollado una cuota equilibrada de amor propio porque si no sabemos amarnos, entendernos y  acompañarnos a nosotros mismos, tampoco sabremos hacerlo adecuadamente a otros.
Aprender a ser nuestro propio catalizador/a nos mantiene conectado a la vida. Buscar la adaptación más que la acomodación nos convierte en personas flexibles, livianas y resilientes. Crear conscientemente el hábito de identificación y transmutación de lo negativo, generará un impacto positivo en muchos aspectos de nuestra vida: relaciones con otros, desarrollo profesional, logro de proyectos personales, etc. Mas para que esto sea efectivo debe haber un sentido de responsabilidad claro sobre la propia vida. No es posible transmutar si nos vemos como víctima de nuestras circunstancias, donde culpo a distintos actores y/o factores externos a mí sobre “las cosas buenas y malas que me pasan”. Si la vida es injusta, si la sociedad está mal, si mis padres no desempeñaron bien su rol o he pasado por eventos traumáticos, no son justificaciones para dejar de hacernos cargo de nosotros mismas/os. La alquimia es para quien se ve como arquitecto de sí, para quien no se abandona, para el que comprende que nada de afuera puede remplazar a lo que necesitamos internamente.
El arte de transformarnos a nosotros mismos, tal vez no es otra cosa más que el arte de vivir, de entender los procesos vitales y mantener el ideal del oro que es crear una vida desde y para el amor.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Persona Comunitaria

Este es mi sueño: aprender, aprender, aprender, todo lo que necesito, tanto como pueda, para poder aportar a la formación de personas comunitarias. La verdad, no sé si existe formalmente este término, pero yo creo en él. Y creo no solamente como un ideal romántico, sino también como una necesidad concreta hacia donde nos guían todas nuestras dimensiones de desarrollo humano: mental, emocional, moral, espiritual, inclusive física. Lawrence Kohlberg, por ejemplo, al describir los estadios de desarrollo de la moral humana, relata que en última instancia el individuo es capaz de alcanzar una perspectiva universalista en cuanto a su concepción de justicia, basándose en la igualdad de los derechos humanos y el respeto por la dignidad de las personas como individuo, valorándolas como fines en sí mismas. Esta percepción de la moral es autoescogida y está por encima de cualquier mandato institucional, estructura social o creencia cultural. Su obediencia a las leyes se da en la medida en que éstas concuerden con una noción de justicia universalista (Barra, 1987). Asimismo, James Fowler, cuando apela a la fase final del desarrollo espiritual, también llama a los individuos que alcanzan dicha etapa “universalistas”, caracterizándolos por su espíritu de comunidad humana inclusiva y realizada, extendiendo su percepción de comunidad hacia lo universal, donde la particularidad se reconoce como un vehículo de ello. Este tipo de personas, se aprecian en su compañerismo presente en todas sus relaciones independiente de las diferencias que pueda tener con los otros, y de igual manera resultan ser subversivos a las estructuras sociales (González, s/a). En cuanto al desarrollo cognitivo, poco a poco se complejizan nuestros procesos mentales, incentivando el alcance de mayores niveles de abstracción, lo que posibilita un mejor reconocimiento de  la interrelación y unidad en la diversidad de lo humano. Y esta misma unidad, desde lo afectivo, se experimenta en la contención que se brinda desde el nacimiento para ir lentamente posicionándonos y reconociéndonos como individuos, lo que se desarrolla desde la experimentación de confianza hasta la articulación de nuestra identidad, para pasar después a etapas de mayor intimidad con otro, y culminar con la entrega de lo recibido hacia las futuras generaciones. Es así como se van ampliando nuestras relaciones significativas, desde la madre, a los padres, los amigos, la pareja, la familia hasta llegar a la humanidad. (Boeree, s/a).

Ahora, lo que resulta tan coherente desde lo formal, ¿por qué cuesta tanto apreciarlo en el día a día? Creo que el aprendizaje fundamental tiene ver con nuestra capacidad de amar, como dirían autores como Enrique Barrios, de “ser amor”, y a veces rechazamos esta simple idea restándole valor por “a, b, c” motivo para desacreditar esta REAL posibilidad. Conectarse con el ser en vez del parecer, darme el tiempo para reconocer honestamente cuáles son mis propias resistencias para vivir permanentemente desde el amor. Quizás se podría hablar de una “persona universalista” lo que no estaría mal tampoco, pero desde mi experiencia en diferentes comunidades, creo que a nivel de vinculación, entendernos como una gran comunidad, genera mayor cercanía. Este concepto a nivel académico ha ido trascendiendo su limitación física cuando se puntualiza en la creación de comunidad desde el espacio abstracto donde las personas plasman sus afectos y significados, hasta llegar al punto en que los aspectos que más se distinguen hoy dentro de una comunidad, refieren a elementos subjetivos que remiten sobre aquello que pueden compartir los individuos: relaciones, valoraciones, representaciones, etc. (Krausse, 2001).

El reconocimiento de la comunidad de la que todos formamos parte, se percibe como el proceso vital hacia el que cada uno puede evolucionar. En éste, la influencia de nuestra formación y cultura es fundamental para abrirnos o cerrarnos a dicho estado del ser. El conjunto de creencias y prácticas que sostiene nuestro alrededor donde crecemos, puede tender o no hacia la inclusión e integración comunitaria. Valorar la cualidad y calidad de nuestros vínculos, estimula el fortalecimiento de una perspectiva comunitaria trascendente al ir más allá de las diferencias entre nuestras estructuras de vida ya sea individual o colectiva. Apreciar a cada quién como representante de la complejidad que somos todos, incita al trato justo, igualitario y digno que resulta necesario para la creación de la armonía social.


Referencias
Barra, A. (1987). El Desarrollo Moral: Una Introducción a la Teoría de Kohlberg. Revista Latinoamericana de Psicología. Vol. 19. Pág. 7-18. Fundación Universitaria Kohrad Lorenz. Bogotá, Colombia.
Boeree, G. (s/a). Teorías de la Personalidad Erik Erikson. Traducción Rafael Gautier. Departamento de Psicología. Universidad de Shippensburg. Pensilvania. Estados Unidos
González, R. (s/a). Desarrollo Espiritual, Síntesis de la Teoría de James Fowler. Universidad Diego Portales. Santiago de Chile. 
Krausse, M. (2001). Hacia una Redefinición del Concepto de Comunidad, Cuatro ejes para un análisis crítico y una Propuesta. Revista Psicología Universidad de Chile. Santiago de Chile. 

jueves, 31 de agosto de 2017

Me pertenezco

Por largo tiempo he creído que el sentido de pertenencia es uno de los sentimientos más potentes que poseemos como personas, tal vez como especie. Por muchos años se han realizado diferentes experimentos (como por ejemplo el clásico del ascensor: https://www.youtube.com/watch?v=BgRoiTWkBHU) donde vemos con qué facilidad pareciera que necesitamos dejarnos llevar por los demás. Creo que este sentido de pertenencia calzó muy bien con la cultura de consumo, donde surge la posibilidad de “sentirse bien” en la medida que adquirimos más accesos como ir a un buen restaurante, a un determinado lugar de vacaciones, comprar un auto del año, etc. donde la ambiciosa comodidad se muestra como un sinónimo de bienestar, y a veces justamente son esos espacios de consumo los que determinan a diferentes grupos sociales al identificarse ya sea en relación positiva o contraria a la cultura imperante; pero también está la pertenencia a una familia, a un grupo de amigos, a un estilo de vida, etc. Sin embargo, había olvidado de dónde nace esta tan naturalizada necesidad de pertenecer a un grupo ya sea por lo que pensamos, lo que hacemos o lo que tenemos, etc. El psicólogo Dyer esta vez me lo recordó, es nuestra falta de confianza, ese piso vital para la existencia. Hemos vivido en una sociedad que se ha esforzado para que no confiemos en nosotros mismos sino más bien nos estandaricemos casi íntegramente a un grupo o forma de ser socialmente “exitosa” o “correcta” o simplemente categorizada. El costo de ello como decía El Principito: es invisible a los ojos. En algunos casos hemos preferido ignorar nuestras insatisfacciones internas hasta que se convierten en una enfermedad o evento sorpresivo como una ruptura amorosa, un accidente, conflictos recurrentes, etc. El punto clave es volver a recuperar nuestra confianza, ese amor vital desde el cual aprendemos a movernos sin necesitar la aprobación, validez, y/o afecto de otro, y con ello no quiere decir que no lo disfrutemos si esto aparece, sino que no representaría el eje a través del cual direccionamos nuestra vida, a través del cual nos direccionamos a nosotros mismos.   

Comencé a entender que cultivar la confianza en estos días es un desafío tan significativo como sería dejar el cigarrillo para un fumador; el vicio en este caso, es la aprobación externa: una nota, un aplauso, un título, un halago, etc. Al parecer es esta nuestra mayor adicción, y bueno también está la de querer responsabilizar a cualquier otra persona o situación menos a nosotros mismos por cómo nos encontramos en nuestra vida actual. Cambiar un hábito alimenticio o integrar un nuevo hábito como una rutina deportiva por ejemplo, es un proceso lento, en algunos casos puede tardar años, pero sin importar cuánto demore, creo que sin duda es lo más relevante que podemos hacer por nosotros mismos y por las futuras generaciones. Aprender a amarme, a validarme, acompañarme, a darme apoyo, crearía una vida emocional autosustentable. Aprender a pensar por mí misma/o, a generar ideas y visiones propias y creer en ellas, probablemente traiga nuevos conflictos pero también un sentido de pertenencia mucho más hondo que repetir el ritmo hipnótico de algunas ideas colectivas. Para mí, ahí está la escuela de la vida, en el ejercicio de esta autonomía, la que da cabida a la diversidad, a la integración y dialogo enriquecedor. La valentía y el amor van juntos de la mano, amarse fuertemente a uno mismo es un acto de mucho coraje, ese coraje que embellece a nuestras propias vidas.

"Esto ante todo: sé fiel y verdadero a tu ser interior; 
Y sucederá, como la noche sucede al día, 
Que no podrás mostrarte falso con hombre alguno"

Hamlet

domingo, 13 de agosto de 2017

La forma, el silencio & el equilibrio.


"Treinta radios convergen en el centro de una rueda,
pero es su vacío lo que hace útil al carro.
Se moldea la arcilla para hacer la vasija,
pero de su vacío depende el uso de la vasija.
Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa,
y es el vacío lo que permite habitarla.
En el ser centramos nuestro interés,
pero del no-ser depende la utilidad."
Libro del Tao

Estas líneas las podemos interpretar de muchas maneras; desde mi punto de vista, trae al frente tres elementos que son necesarios de tener presente permanentemente: la forma, el silencio y el equilibro. Hoy por hoy, pareciera que vivimos en mundo mucho más apegado a la forma, como por ejemplo: en la forma de las cosas que tengo, de cómo me visto, cómo actúo frente a los demás, cómo me veo en la foto, etc. A veces las formas pueden ser sumamente atractivas, mas ¿qué pasa cuando nos olvidamos del vacío y el balance? Algunas veces se produce un quiebre en la personalidad tan potente que puede llegar a ser enfermizo, la persona tiene cambios de comportamiento significativos dependiendo de dónde y con quienes se encuentre. Sostener una forma de vida falsa, agota si no es coherente a lo que somos y está más ligado a lo que queremos ser, entonces el mismo organismo va generando pequeños colapsos por el cansancio que implica vivir para afuera y no desde adentro. A veces surgen desórdenes psicosomáticos, y pueden pasar años en que ponemos todo nuestro esfuerzo para sostener dichas formas, que nos aferramos a ellas para convencer y convencernos de que estamos bien o somos exitosos… hasta que idealmente algún acontecimiento nos despierta y nos recuerda significados más profundos que posee la vida. Estos acontecimientos no deben ser necesariamente negativos, pero muchas veces son las pérdidas (trabajo, pareja, familiar, etc.) e inclusive desastres naturales lo que cambia nuestra mirada y valorización de la vida. Pero también puede ser la llegada de un hijo, un sueño, un libro, una nueva relación, la creación de nuevo proyecto, etc. lo que nos interpela más hondamente. La vida está aquí, dentro y fuera de nosotros, depende de nuestra voluntad cómo deseamos conectarnos con ella.

El silencio desde el vacío resulta ser un elemento reconocible en distintos lugares de nuestras vidas. Desde el vacío que ocupamos en una casa, hasta el vacío de una mente contemplativa, silente en ideas, juicios, perspectivas, capaz de reconocer lo nuevo de cada momento; las pausas necesarias en una conversación, el retraimiento después del ajetreo, la respiración en el cotidiano, ese espacio de ocio (sin tecnologías) desde donde antiguamente surgieron el desarrollo de las ciencias sociales,etc. Sin embargo, actualmente ¿cuánto me permito habitar este vacío? Este lugar de no-ser donde nos abrimos a lo incierto, a nuestra propia humildad frente a la vida,  a una sensibilidad más profunda, base sobre la cual emerge el sentido que se expresa en la forma útil. ¿Cuántas formas sin sentido podemos encontrar en nuestro alrededor? Ya sea por ser excesivas o porque no cumplen con lo que se requiere. Pareciera que muchas de nuestras acciones y producciones carecieron de silencio. Por ello, a veces hablamos de más, nos damos más vueltas, tenemos cosas que no usamos, generamos conflictos innecesarios, nos cuesta mirar, atentamente escuchar, reconocer nuestros propios ritmos para ordenar desde ahí nuestro día a día, disfrutar la alegría de compartir en vez de llenarnos de juicios que nos separan entre nosotros. Hoy como planeta vivimos bajo una cultura donde todo lo que consumimos se transforma prontamente en basura, que no sabemos ni qué hacer con ella, amenazando así la propia vida en la Tierra.

El balance, el punto medio, el equilibrio, es un elemento constante en la vida natural, siendo clave a la hora de hablar de salud mental, física, emocional, individual, social e inclusive para el desarrollo de nuestros ecosistemas. Cada uno de nosotros somos un elemento del todo, y cada elemento al interior de nosotros es parte de lo que puedo reconocer como “mi mismo”, aunque esto a veces se aleje de la imagen que me gustaría proyectar de mí. En el fortalecimiento de este balance surge la madurez, la comprensión, el aprendizaje vívido para una vida feliz y plena de sentido. Practicarlo conscientemente, claro que no es fácil, sospecho que para la mayoría de nosotros ni la crianza, ni la educación, ni la cultura estuvo centrado en ello. Lo importante, es que hoy sí podemos poner atención a cada uno de nuestros hábitos: alimentación, actividad física, vida social, uso de medios de comunicación y tecnologías, etc. y reconocer de qué forma me relaciono equilibradamente con cada elemento en mi vida, dar cuenta cómo puedo equilibrarlos. El equilibrio genera calma y la calma es vital para saber valorar, para estar presentes, para tomar buenas decisiones, adquirir nuevos aprendizajes y crecer más contentos.

"El hombre que en su actuación encuentra el silencio, y que ve que el silencio es actuación, 
ese hombre en verdad ve la luz, y en todos sus obras encuentra la paz"
Bhagavad Gita

jueves, 3 de agosto de 2017

Por los Jóvenes

Las palabras muchas veces son señaléticas en la ruta de nuestra mente, parte de un mapa que nos permiten conocer e imaginar nuevos territorios/realidades con los cuales soñar y luchar. Si bien éstas pueden ser muy cautivadoras, más inspirador es ver esas palabras convertidas en actos, poder apreciar que lo que anhelamos ya tiene una raíz en la tierra, como un indicador de que “sí se puede”. Hoy, las raíces que muchos jóvenes necesitan es el ejemplo de adultos que hayan hecho su vida en coherencia con sus ideales y sueños. Es fácil decirnos los unos a los otros qué es lo que tenemos que hacer antes de ver qué estamos haciendo con nosotros mismos. Convertirnos en lo que hablamos, no sólo un día sino cada día de nuestra vida y poder crear toda una vida en relación a lo que aspiramos, tal vez es el trabajo más valioso que podemos realizar con nuestra existencia.

La coherencia entre nuestros pensamientos y actos, será lo que dirá si somos personas de confianza o no, si hay cierta madurez en nosotros o no, si somos honestos entre nosotros o no. Aprender a construir esa coherencia, esa madurez y esa honestidad, es tal vez el legado más significativo que podemos enseñarles a las futuras generaciones. La integridad humana puede ser un ejemplo a seguir bastante estimulante para el mundo de hoy en día. Cuando nuestra mente está puesta en lo material, en la riqueza o el poder, será la sensibilidad de cada uno de nosotros que en el silencio nos dice cuánto nos llena todo ello, cuánto nos ha acercado a la tranquilidad y armonía. Ya no son los tiempos de las grandes estructuras e ideologías que nos indiquen qué hacer o no. Hoy es el momento en que cada uno asume la plena responsabilidad de su propio camino, de su individualidad, de aquella vida que posee. Ya no está la “tradición” para seguirla e inclusive espacios como la familia, el trabajo, la pareja, la educación, etc. han debido flexibilizarse en cuanto a sus formas de constituirse para poder darle cabida a las múltiples maneras en que se crean y re-crean. La modernidad y la globalización son tiempos ya pasados para el individuo que despierto se piensa más allá del tiempo y el lugar en el que plenamente se encuentra.

Es ahí, donde la profundidad de aquella coherencia interna que cada uno refleja con su propia forma de ser, expresarse, comportarse, ordenarse, relacionarse, etc., dependiendo del cuidado que se ha tenido, se relacionará con el grado de impacto que en mayor o menor medida hacemos hacia a todos quienes nos rodean. Tal vez es ésta la educación que están esperando nuestros jóvenes. Ellos, adherentes a su propia individualidad, saben seleccionar muy bien a quien escuchar y a quien no, como también saben ponernos a prueba y actuar de ciertas formas sólo para ver cómo vamos a reaccionar. Y después de haberlo hecho esto durante un tiempo, articulan rápidamente su visión de mundo, concluyendo qué caminos tomar y cuáles elementos hacerlos parte de sí mismos.   
Los adolescentes y jóvenes de hoy en día, además de saber manejar su atención, buscan fundamentos que les hagan sentido, no tienen por qué seguir rutas marcadas, ni escuchar órdenes externas por muy autoritaria o cercanas que puedan ser. Ellos reconocen que lo correcto es relativo dependiendo a quién se le pregunte, tal vez algunos son más conscientes de la libertad que de la responsabilidad que esto conlleva, pero con claridad actualmente tienen mucho menos temor para presentar su postura, sus opiniones, donde consideren que sea necesario, dispuestos por ello hasta una dura confrontación.
Por eso son la fuerza motora de una sociedad y son ellos tal vez los testigos más exactos de nuestros errores y aciertos. Por esto también, el costo de una juventud desesperanzada, desorientada e inactiva, es una gran depresión tanto para el individuo como para todos los sistemas a los que pertenece. La tarea es de todos esforzarse diariamente y no permitir que esto suceda. Desde el hermano chico, hasta el vecino, la tía, el profe, los padres, los abuelos, el amigo y la pareja, pueden ayudar a que los jóvenes crezcan en su libertad y aprendan el valor y sentido de adquirir responsabilidades. 

Podemos apoyarlos escuchándolos, preguntándoles más que dándoles consejos. Podemos ayudarles a observar su propia vida sin recriminar ni a ellos ni a los otros por las equivocaciones. Analizar conjuntamente sus propias decisiones y ver hacia dónde lo han llevado. Podemos ayudarles a mantener una buena actitud frente a las dificultades, a responder con madurez y sabiduría cuando las cosas no resultan como quisieran, a conocerse a sí mismos respetando a los otros, a saber agradecer lo que tienen y buscar la alegría diariamente.
Frente a cualquier idea que les digamos, mirarán si es también un acto, una verdad hecha realidad. La mentalidad del joven y particularmente de los adolescentes, está a medio camino en su proceso de sociabilización. Conocen más o menos las reglas del mundo, qué tipos de conocimientos hay, cuáles son las formas de moverse y las ideas sociales imperantes sobre qué es desarrollo y éxito, particularmente de su cultura, pero como es medio camino, cuentan con la ventaja que aún no les es necesariamente propio los ritmos y formas de su entorno, sino que están en el comienzo de un bonito proceso de creación y selección por medio del cual elaborarán su identidad. Este proceso de configuración personal, probablemente lo podemos realizar varias veces en nuestras vidas, pero la energía con la que contamos en cada momento evolutivo va cambiando.

Darle mayor consciencia y compañía a ese transitar humano por el que pasamos todos en nuestra juventud, estimulará decisiones más certeras, identidades más saludables y un crecimiento social de mayor fuerza y sostenimiento. Y aquí cabe preguntarse: ¿cuál será esa mejor compañía? Ahí volvemos al inicio. Además de que sea alguien que los respete por lo que son, se necesita de personas que los alienten con su ejemplo a crecer y superarse. Personas que hayan salido adelante sin mentiras ni engaños, que busquen descubrirse más que acomodarse, que puedan mantener una línea de valores humanos sin ceder a la ambición, que sabiamente hayan sabido adaptarse sin perderse. Lamentablemente, aunque parezca algo obvio, nuestra cultura no incentiva este tipo de personas, pues desde pequeños nos guían hacia la competitividad, la productividad y la riqueza material. Con ello, es probable que nuestras juventudes crezcan más defensivas o más desesperanzadas, la confianza para ellos y en general para todos se ha convertido en un tesoro escaso de encontrar, y sin embargo es éste el sentimiento básico para el desarrollo de una vida saludable.

Todo lo que podemos hacer por nuestras juventudes, lo haremos también por nosotros mismos: ser honestos, amorosos, sabios, fuertes y positivos. 

miércoles, 2 de agosto de 2017

Encontrarse a uno mismo

Para comprender la persona que somos, es necesario reconocer el contexto social y cultural en el que nos encontramos. Uno de los elementos más característicos de este tiempo es el valor de mercado que se le ha brindado a casi todas las dimensiones de la vida humana, incluyendo las esenciales, como educación, salud y vivienda. Sin embargo, esta misma lógica mercantil, ya nos ha trastocado en términos de relaciones humanas, tanto a nivel inter como intrapersonal. Aspectos como la desigualdad, competencia, desconfianza, enajenación, desinterés, materialismo, superficialidad, etc. son rasgos que constantemente tratan de impregnarse en nuestras relaciones cuando nos desarrollamos en un modelo cultural que tiene al consumismo como su elemento base.
De esta manera, aparece la disyuntiva entre si somos personas o consumidores, si valemos por lo que somos o por lo que tenemos. Alejarnos de nosotros mismos es el principio de muchas enfermedades, físicas, psicológicas o emocionales. Por ello, es primeramente nuestro propio organismo el que nos insta a no perder la observación y conexión con uno mismo.

Por otra parte, en 1991 se creó en Estados Unidos el Instituto “HearthMath” con la finalidad de dar cuenta de la importancia del corazón en el desarrollo de la humanidad. Dentro de los resultados de sus investigaciones, enseñan cómo el corazón emite campos electromagnéticos que cambian de acuerdo a nuestro estado emocional y que se puede medir dicho campo alrededor de un metro de distancia del cuerpo. Ellos, han demostrado que las emociones positivas fortalecen y armonizan el sistema inmunológico, nervioso, cardiovascular y endocrino; señalando además que es nuestro corazón el que envía más información al cerebro que viceversa. Desde aquí, mirar nuestro estado interno, se propone como un eje y una base muy distinta a lo que estimula día a día nuestra cultura.

El desafío es no perderse sino encontrarse,  ir con uno para avanzar con los otros. Aprender de nuestro propio crecimiento para crecer mejor en conjunto. Aquellas habilidades que fortalezcamos en la relación con uno mismo, se reflejan con nitidez en nuestras relaciones con los otros y en las transformaciones que somos capaces de realizar hacia nuestro entorno y cultura.


   “El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro,
empieza a vivir más sencillamente por fuera”

Ernest Hemingway

martes, 1 de agosto de 2017

Autoconocimiento

¿Cuál es el propósito de mi vida? Es una pregunta fundamental para reconocer el sentido que nos damos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea. ¿Cómo alcanzo dicho propósito? Dará cuenta de aquella construcción que realizamos respecto a la persona que queremos ser y el mundo que estamos cultivando. Responder con honestidad y coherencia, es parte del proceso de autoconocimiento.

Hay múltiples caminos, disciplinas y saberes, que expresan de diversas formas la importancia y maneras en que podemos conocernos mejor a nosotros mismos. Uno de los elementos reiterativos, tiene que ver con la atención, con la capacidad de atender mentalmente a lo que vamos siendo, cómo nos vamos guiando y la permanente interacción creadora con nuestro entorno y los otros. Esta atención, hay quienes la desarrollan en la meditación, en el arte, la oración, la actividad física, el trabajo con la tierra, o ritos que estimulen la contemplación y conexión con la vida que está adentro y fuera de mí.

Conocerse y re-conocerse a uno mismo, implica apreciar la manera en que estoy desenvolviéndome integralmente en el mundo, pero sobre todo, es también observar cómo mi crianza, mi educación, mi cultura, y mi historia de vida, estimulan mi desarrollo hacia patrones y objetivos que no necesariamente se relacionan con lo que yo quisiera realmente para mí… con lo que yo quisiera realmente de mí.

Es así, como el autoconocimiento no es sólo para aquellos que  busquen comprenderse y crecer con plena consciencia de sí, sino que también es un ejercicio necesario para sentirnos libres y apropiados de nosotros mismos, cultivando la confianza, aprendiendo de la sabiduría de la vida que somos, agradeciendo con humildad lo que el reflejo externo nos muestra de nuestro mundo interno. 

lunes, 31 de julio de 2017

Autocuidado

Hablar de autocuidado apela a la relación ineludible que cada uno posee consigo mismo. "Autocuidarse" refiere a la calidad de dicha relación: ¿me observo?, ¿me cuido?, ¿me valoro?, ¿me respeto?, ¿me apoyo?, ¿me ayudo a crecer?​ Día a día son muchas las demandas que recibimos desde afuera, desde nuestras familias, nuestros trabajos, desde la misma sociedad, lo que hace fácil olvidarse de la necesidad esencial de acompañarse amorosa y sabiamente a uno mismo. Es en esta relación de autocuidado donde comenzamos a aprender de nosotros mismos, la fuente más fidedigna de conocimiento: ¿qué me ha estado pasando?, ¿cómo funciona mi organismo?, ¿qué dice mi cuerpo, mis pensamientos y mis afectos sobre quién soy? 

Aprender a guiarse por un camino saludable, es parte de nuestro viaje a la madurez, a la plena realización y sin duda el mayor ejemplo educativo que podemos dar a las generaciones venideras. Todas nuestras creencias, valores y prácticas primero la desarrollamos con nosotros mismos, para así crecer de forma coherente, consecuente y unificada. Y es ahí donde reflejamos a los demás qué tan íntegro somos, cuántas de nuestras palabras son también hechos... y al cultivar una sana relación con nosotros mismos, es posible crear entonces una sana relación con los otros.

sábado, 29 de julio de 2017

Felicidad comienza con "fe"

Es distinto buscar la felicidad afuera de nosotros, a querer cultivarla en el presente que vivimos. A veces, parece muy difícil, a veces, parece imposible, pero es justamente en esos momentos donde podemos ser plenamente creadores de nuestra felicidad. Alejándonos de la ilusión, valorando lo que nos enseña la realidad. Aceptando lo que no es como nosotros quisiéramos que sea, dándole sentido a lo que nosotros sí podemos hacer: con nuestra forma de actuar, nuestra forma de pensar, nuestra manera de sentir. Es así, en ese espacio interno de uno mismo, donde podemos crear nuestra felicidad. Desde múltiples corrientes, tanto filosóficas como religiosas, psicológicas y espirituales, la felicidad se relaciona esencialmente con el significado que le otorgamos a nuestra vida. Siendo cada uno, desde los propios conceptos y categorías mentales, quienes decidimos cómo aclarar u oscurecer el panorama que vemos. Claro que influye el estado en que se encuentra nuestro organismo, el ambiente que habitamos, las personas con las que nos relacionamos, nuestros hábitos y predisposiciones. Mas para ser feliz, es fundamental la voluntad de querer serlo. ¿Cuán acostumbrados podemos estar con la amargura? ¿Con reclamar más que proponer, con rechazar más que valorar, con hablar mal de los otros más que hablar bien, con criticar más que agradecer, con desconfiar antes que confiar?. Ir hacia abajo es más fácil que ir hacia arriba. Por ello, los especialistas del tema, nos recuerdan reiterativamente que ser feliz es una decisión.  

Elegir ser feliz, implica tomar la responsabilidad de crearse a uno mismo como tal. Para ello, resulta necesario poner especial atención y cuidado a 3 dimensiones fundamentales en el ser humano: cuerpo, mente y afectos. Dar cuenta de estos tres aspectos en uno mismo, nos ayuda a reconocer y guiar con claridad cómo somos y hacia dónde queremos ir. Prácticas como quejarse, hablar de más o mal de los otros, tener ideas o conductas autodestructivas, preocuparse y apegarse excesivamente, obsesionarse con el control, quedarse en la fantasía, acrecentar el orgullo y la ambición, así como también la comodidad y la rigidez, no nos permite mantenernos abiertos a la vida, ser sensibles a los aprendizajes y elementos positivos del presente para valorar lo bueno que hay en nosotros y en nuestro alrededor.
Cuidar nuestra alimentación, realizar ejercicios, desarrollar nuevas experiencias, conectarse con el silencio y la naturaleza, desacelerar el ritmo cotidiano, agradecer,  perdonar, aprender a escuchar y observar lo que nos rodea, nos ayuda a conocernos y desarrollarnos como individuos, a mantenernos livianos y flexibles, estimulando un estado de bienestar que se comparte con quienes nos rodean. Cada pensamiento, conducta y sentimiento que emerge de nosotros es nuestra responsabilidad, y es la fuente desde donde nace nuestra felicidad o infelicidad. 

jueves, 27 de julio de 2017

Bienvenida

Hola, en esta primera entrada quiero darles la bienvenida a ti lector/a, y también me doy la bienvenida a mí al comenzar a escribir en un espacio público, lo que no suelo hacer mucho... hasta ahora. 
Quise abrir este espacio porque siento la necesidad de compartir, de poner a la mano y a quienes les resulte útil, algunas ideas en las que he ido trabajando o me he encontrado en mi camino y me han resultado muy beneficiosas para crearme una vida feliz.
Y aquí vamos. De  lo primero que quiero hablar es sobre el título de este blog: "Raíz de Sentido" cuyó propósito es conectarnos con el amor más profundo que habita en nosotros mismos para aprender a movernos y abrirnos desde ahí. "Amar" tal vez es una de las palabras más mal utilizada entre nosotros, pero a la vez es la más necesaria de conocer, aclarar, vivir, comprender, etc. 
Don Joan Mascaró, filósofo y poeta orientalista, nos dice:

"El amor es la fuerza que mueve al universo, el día de la vida, la noche de la muerte, y el nuevo día después de la muerte. El fulgor de este universo nos envía un mensaje de amor, y nos dice que toda la creación procede del amor, que el amor impulsa la evolución, y que una vez llegado a su fin, el amor devuelve todo a la eternidad. Y del mismo modo que la mente racional percibe que toda materia es energía, el espíritu percibe que toda energía es amor, y todo en la creación puede ser una ecuación matemática para la mente, y un canto de amor para el alma. El amor conduce a la luz..."

Amar es un verbo y por tanto implica una acción, acción que es posible distorsionarla o refinarla, probablemente necesitamos ahondar en ello día a día para comprender el amor que somos y que está en todo lo que nos rodea, para generar amor hacia nosotros mismos y hacia todo lo que está a nuestro alrededor, creo que este es el inicio de un mundo amoroso, saludable y feliz.